Ay, chicas, acabo de bajar de ese yate de puta madre en Ibiza, el Sol Iris, todo en cuero italiano y cristal de Murano. Olor a sal marina mezclada con el cuero nuevo y el burbujeo del champagne Veuve Clicquot. Yo, Carmen, rubia con tetas firmes y culo redondo, estaba con Ilse, la pelirroja tetona de pechos que rebotan como locas, y Annette, la morena con curvas de infarto, piel bronceada y un coño que promete vicios. Habíamos volado en jet privado desde Madrid para cerrar contratos con inversores. Pero él… Sven, el sueco millonario, rubio, músculos como rocas, torazo desnudo bajo la camisa abierta, cicatriz en el pecho que grita poder.
Estábamos en la sala VIP, firmando papeles en la mesa de mármol, vistas al mar rosado por el atardecer. ‘Firma aquí, cariño’, le dice Ilse, rozando su mano, ojos clavados en su paquete abultado. Él sonríe, rudo, ‘Esto es solo el principio’. Yo sentía el calor subiendo, bragas húmedas ya, el roce de la seda contra mi clítoris. Annette cruza las piernas, dejando ver el muslo, ‘Sven, ¿seguro que solo negocios?’. Miradas que queman, aire cargado de testosterona y perfume caro. De repente, cierra la puerta blindada, el mayordomo desaparece. ‘Ahora es privado, putitas. El yate es mío, vosotras también’.
El yate VIP y la tensión entre contratos y miradas
Ilse se lanza primera, ‘Yo soy la mayor, me toca a mí’. Se sube la falda de diseñador, tetas fuera del corsé, pezones rosados duros como piedras. Sven la tumba en el sofá de piel, hache… no, su polla enorme, venosa, sale disparada, 25 cm de gloria sueca. La mete de un empujón en su coño pelirrojo, chorreante. ‘¡Joder, qué prieta!’, gruñe él. Ilse gime, ‘¡Fóllame fuerte, vikingo!’, piernas abiertas, uñas en su espalda. Él la martillea, pla pla pla, sudor goteando, olor a sexo crudo mezclándose con el champagne. Sus tetas bailan, ella arquea la espalda, ‘¡Me corro, coño, me corro!’ Chorros de jugo empapan el cuero.
Yo y Annette miramos, cachondas perdidas, dedos en las bragas. ‘Mi turno’, dice Annette, empujando a Ilse. Se pone a cuatro patas, culo en pompa, coño moreno hinchado. Sven, polla brillante de jugos, la agarra del pelo, ‘Toma, zorra’. La penetra anal, sin piedad, ‘¡Ahhh, duele rico!’, grita ella. Él bombea salvaje, bolas golpeando clítoris, ‘Tu culo es mío’. Ella ruega, ‘No pares, rómpeme’, cuerpo temblando, sudor en curvas. Orgasmos en cadena, él gruñe, pero aguanta.
El polvo salvaje y el secreto elitista
No aguanto más. ‘¡A mí, cabrón!’, salto encima, boca en su polla, saboreo coños de mis amigas. Chupó glande salado, bolas pesadas. Ilse y Annette palpamos, masajeamos. Sven revive, me monta como yegua, polla hundiéndose en mi coño rubio, apretado. ‘¡Qué puta estrecha!’, embiste, yo grito, ‘¡Más profundo, joder!’. Siento cada vena, clítoris frotando, tetas mordidas. Nos corremos juntos, él eyacula dentro, semen caliente llenándome, desbordando. Huelo a sexo, cuero mojado, champagne volcado.
De repente, corneta suena, su jet espera. Se viste, nosotros relajamos faldas, peinamos pelo. ‘Buen negocio, chicas’, dice con guiño. Firmamos últimos papeles, risas, como si nada. Besos en mejillas, él se va. Nos miramos, secretito elitista: folladas por un dios, coños palpitando aún. Brindamos, ‘A la próxima, vikingo’. Bajamos al muelle, glamour intacto, pero con su semen goteando piernas. Puro lujo prohibido.