Ay, chicas, aún tiemblo al recordarlo. Estaba en el yate privado de ese magnate, un monstruo del poder, anclado en la bahía de Marbella. Yo, vestida con mi tailleur salmón ajustado, chignon alto, tacones de vértigo. Venía por el curro de mi hijastro, un chaval que la había cagado con una empleada. Nerviosa, entro en su despacho VIP, piel de cuero negro oliendo a caro, vistas al mar infinito, champagne enfriándose en la cubitera.
Se sienta tras el escritorio de caoba, me mira de arriba abajo, sin pudor. ‘Siéntese, señora’. La silla está en medio, expuesta. Cruzo las piernas, pero su mirada… uf, recorre mis muslos, mi escote. Saco papeles del maletín, contratos, excusas por el chico. Él sonríe, juega con un fustón de cuero. ‘¿Sabe lo que pillaron a su hijastro? Su braga en la polla, masturbándose’. Rojo como un tomate, imagino al chaval con mi tanga negra… húmeda ya entre las piernas.
La tensión en el despacho de lujo
Se acerca, el fustón roza mi falda. ‘Enséñemela’. Bajo la mano al maletín, saco la braga y… el fustón. ‘Solo la braga, puta’. Me la quita, me observa. ‘¿Lleva una ahora?’. Tiemblo. ‘Sí…’. ‘Quítesela’. Me levanto, indignada, pero sus ojos… me clavan. Me remuevo, falda subiendo, coño expuesto al aire fresco del yate. La tiro sobre el escritorio, piernas temblando, olor a mi excitación flotando.
Me ordena truscarme. Falda arriba, culo al aire, enmarcado en ligueros y medias. Manos atrás. El fustón roza mi coño mojado, labios hinchados. ‘Estás chorreando, zorra. ¿Por tu hijastro o por mí?’. Gimo, ‘Por… por usted’. Me mete un dedo, luego dos, cabalgando su mano. Jadeos, pezones duros contra la corsé. Pero para, me deja colgando. ‘Vuelve el martes, sin bragas’. Sale, jurando venganza, pero el fuego en mi vientre arde.
El polvo brutal sin filtros
No aguanto. Cierro la puerta, el despacho ya privado. Me abalanzo, beso salvaje, su lengua invadiendo. Manos en mi culo, pellizcando. ‘Fóllame ya’. Lo empujo al sofá de cuero, crujiente bajo nosotros. Desabrocho su bragueta, polla gorda, venosa, saltando dura como hierro. La chupo, saliva goteando, bolas en mi mano, gimiendo ‘¡Qué polla más rica, joder!’. Él gruñe, me pone a cuatro, fustón azotando mi culo rojo.
Empuja, coño tragándosela entera, estirándome. ‘¡Sí, rómpeme el coño, cabrón!’. Bombeada brutal, piel chocando, sudor salado en mi espalda. Huele a sexo, a cuero mojado. Giro, monto, tetas rebotando, uñas en su pecho. ‘¡Más fuerte, fóllame como a puta élite!’. Dedos en mi clítoris, polla golpeando el fondo. Grito orgasmo, chorros empapando el sofá. Él eyacula dentro, leche caliente llenándome, goteando muslos.
Jadeamos, cuerpos pegados. Luego, se levanta, corbata perfecta. ‘Rajustese, señora. Nuestro secreto’. Me visto, falda lisa, chignon intacto, sonrisa cómplice. Champagne para sellar. Salgo, piernas flojas, pero elegancia total. Ese poder, esa exclusividad… adictivo. Volveré, sin bragas, por más.