Ay, chicas, acabo de bajar de ese yate privado en Marbella. Todavía huelo a cuero caro y champán Dom Pérignon. Me llamo Sofía, 35 años, viuda de un magnate, dueña de hoteles de cinco estrellas. Vivo rodeada de privilegios, pero anoche… uf, fue puro fuego. Él, Gaspar, ese escultor famoso que hace obras para millonarios. Aparenta 40, pero sus ojos dicen más. Vino por un contrato: esculturas exclusivas para mi nuevo resort en Ibiza. Estábamos en la terraza VIP, sol poniéndose, brisa salada pegando en mi vestido de seda negra, ajustado, marcando mis tetas y culo.
Nos sentamos en esos sofás de cuero italiano, suaves, calientes por el sol. Él con su traje a medida, yo cruzando piernas, notando cómo me mira las rodillas. ‘Sofía, este contrato… podría ser legendario’, dice, voz grave, mientras firma papeles. Yo sirvo champán, burbujas explotando en mi lengua dulce, ácida. Nuestros dedos se rozan, eh… electricidad. ‘¿Segura de querer mis piezas en tu hotel?’, pregunta, ojos clavados en mis labios. Asiento, mordiéndome el labio. La tensión sube, aire espeso. Los guardaespaldas se van, tripulación desaparece. ‘Vamos a mi suite privada abajo’, susurro, corazón latiendo fuerte. Él sonríe, mano en mi cintura, guiándome escaleras abajo. Puerta cierra, clic metálico. Espacio VIP: cama king size, jacuzzi burbujeante, luces tenues. Olor a su colonia, madera de teca, mi perfume floral mezclado.
Tensión en el Yate de Lujo
Ya dentro, no hay vuelta atrás. Me empuja contra la pared, labios en mi cuello, mordiendo suave. ‘Joder, Sofía, te deseo desde el primer vistazo’, gruñe. Le arranco la camisa, pectorales duros, vello suave. Sus manos suben mi vestido, tirando bragas de encaje. ‘Mira cómo estás de mojada’, dice, dedos en mi coño, resbaladizos ya. Gimo, ‘Sí, Gaspar, fóllame ya’. Me arrodillo, desabrocho su pantalón. Su verga sale, gruesa, venosa, cabeza hinchada brillando pre-semen. La lamo, salada, venosa bajo lengua. La chupo hondo, garganta apretando, él gime agarrando mi pelo. ‘Qué boca, puta deliciosa’. Me pone en la cama, piernas abiertas. Lengua en mi clítoris, chupando fuerte, dedos metiéndose, curvados tocando punto G. Explotó, chorro saliendo, ‘¡Me corro, joder!’. No para, me voltea a cuatro, verga empujando mi coño. Entra de golpe, llena, estirándome. ‘Tu coño aprieta como virgen’, embiste, pelotas golpeando culo. Sudor goteando, tetas rebotando. Cambio posición, yo encima, cabalgando, uñas en su pecho. ‘Dame tu leche’, pido. Acelera, ‘Toma, zorra’. Eyacula dentro, caliente, llenándome, chorros pulsando. Colapso sobre él, besos salados.
Minutos después, nos duchamos en el jacuzzi, burbujas limpiando fluidos. Salimos, nos vestimos. Él firma el contrato final, yo sonrío profesional. ‘Un placer hacer negocios contigo, Sofía’. Aperto mano, guiño cómplice. Subimos a terraza, champán otra vez, como si nada. Secreto élite: follamos como animales, pero volvemos a ser VIP. Ahora, en mi suite de hotel, coño aún sensible, sonrío recordando. ¿Repetimos? Claro que sí.