Ay, chicas, acabo de bajar del yate privado de Martial, ese consultor que parece sacado de una peli. Todo empezó en su club exclusivo en la costa, pero el verdadero fuego fue en su yate anclado en la bahía. El olor a cuero nuevo de los asientos, mezclado con sal marina y el burbujeo del champán Dom Pérignon… uf, me pone la piel de gallina recordarlo. Llevaba mi vestido de seda negro, ajustado, que rozaba mis pezones con cada paso. Él, con su traje impecable, revisando contratos en la cubierta VIP. Nuestros ojos se cruzaban entre páginas… ‘Élisa, firma aquí’, me dice con voz grave, su mano rozando la mía. Siento el calor subiendo, el corazón latiendo fuerte. ‘Eh… sí, Martial, pero… ¿estás seguro?’, balbuceo, mordiéndome el labio. La tripulación discreta desaparece, el yate se aleja solo. Ahora es nuestro espacio privado. Sus dedos suben por mi muslo bajo la mesa de caoba, ‘Quiero probar ese champán de tu piel’, susurra. El sol se pone, tiñendo todo de rojo, y yo… yo ya estoy mojada.
De repente, me arrastra a la suite principal. La puerta se cierra con clic suave. ‘Quítate eso, Élisa, déjame verte’, gruñe. Me arranco el vestido, quedo en tanga de encaje y tacones. Él se desabrocha la camisa, su polla ya dura asomando en los pantalones. Me empuja contra la cama king size, sábanas de satén frío contra mi espalda caliente. ‘Joder, qué coño tan rico tienes’, dice lamiendo mi cuello, bajando a mis tetas. Chupa mis pezones duros como piedras, mordisquea hasta que gimo ‘¡Ay, sí, más fuerte!’. Sus dedos abren mis labios, meten dos de golpe, chapoteando en mi humedad. ‘Estás chorreando, puta mía’, ríe. Le bajo los pantalones, agarro su polla gorda, venosa, la meneo rápido. ‘Fóllame ya, Martial, no aguanto’. Se pone de rodillas, me come el coño con lengua experta, lamiendo mi clítoris hinchado, metiendo la nariz en mi olor almizclado. Exploto en su boca, ‘¡Me corro, joder!’, piernas temblando, jugos por su barbilla.
La tensión en la cubierta VIP
No para. Me pone a cuatro patas, el cuero del asiento cruje bajo nosotros. Escupe en mi culo, un dedo entra juguetón. ‘¿Quieres por detrás también?’, pregunta. ‘Sí, todo tuyo’, jadeo. Pero primero me clava la polla en el coño, embiste salvaje, bolas golpeando mi clítoris. ‘¡Qué apretada estás, cabrona!’, grita, pellizcando mis tetas colgantes. Cambio de posición, yo encima, cabalgo su verga dura, sintiendo cada vena rozar mis paredes. Sudor salado en su piel, gusto a champán en su boca cuando nos besamos. ‘Córrete dentro, lléname’, suplico. Él acelera, ‘¡Toma mi leche, zorra!’, y siento el chorro caliente inundándome, gotas saliendo por los lados. Yo reviento otra vez, uñas en su pecho, gritando su nombre.
Minutos después, nos duchamos en la cascada de mármol, jabón perfumado lavando el pecado. Vuelvo a ponerme el vestido, él el traje. En la cubierta, champán fresco, contratos firmados como si nada. ‘Buen trabajo, Élisa’, dice con guiño, la tripulación reaparece. Nadie sabe que hace rato su polla me partía en dos. Ese secreto élite nos une, la adrenalina del poder… volveré por más. Uf, chicas, mi coño aún palpita.