Acababa de aterrizar en su jet privado, el olor a cuero nuevo me invadió al subir al yate anclado en esa cala exclusiva de Ibiza. Dos tíos potentes, Javier y Marco, millonarios de esos que firman contratos por millones mientras te miran como si ya te estuvieran follando. Yo, con mi vestido de seda roja pegado al cuerpo, sudando un poco por el calor del atardecer. ‘Firma aquí, cariño’, me dijo Javier, su voz grave, pasando el bolígrafo por el dossier. Nuestros dedos se rozaron, electricidad. Marco observaba, bebiendo champán Dom Pérignon, burbujas frías en sus labios. El sol se ponía, tiñendo el mar de oro, y el yate se mecía suave, como invitándonos.
La cubierta era puro lujo: sofás de piel italiana, luces tenues, hielo tintineando en cubiteras de cristal. Hablábamos de negocios, pero los ojos… ay, los ojos decían otra cosa. Javier se acercó, su colonia cara mezclada con sudor masculino. ‘¿Estás cómoda?’, murmuró, su mano en mi rodilla. Dudé, mordí mi labio. ‘Sí… pero hace calor’. Marco rio bajito, se unió, su aliento a champán en mi cuello. ‘Vamos dentro, la suite es privada’. El espacio se cerró, solo nosotros tres, la puerta al mundo exterior. Tensiones de contratos olvidadas, solo miradas hambrientas, pollas endureciéndose bajo pantalones caros.
La tensión en la cubierta VIP
Entramos en la suite master, sábanas de hilo egipcio crujiendo bajo nosotros. Javier me besó primero, lengua invasora, manos arrancando mi vestido. ‘Joder, qué tetas tan perfectas’, gruñó, chupando mis pezones duros. Marco desde atrás, mordiendo mi cuello, dedos bajando mi tanga. ‘Mira cómo está de mojada esta puta’, dijo, metiendo dos dedos en mi coño empapado. Gemí alto, ‘Sí… folladme ya’. Me tiraron en la cama king size, olor a sexo y champán flotando. Javier sacó su polla gruesa, venosa, palpitante. ‘Chúpala’, ordenó. La tragué entera, saliva goteando, mientras Marco lamía mi clítoris hinchado, lengua rápida. ‘Qué coño tan rico, tan apretado’, jadeó.
El clímax brutal en la suite privada
Cambié de posición, a cuatro patas sobre la seda suave. Javier embistió mi coño de un golpe, ‘¡Toma, zorra VIP!’, su pelvis chocando contra mi culo, huevos golpeando. Marco en mi boca, follando mi garganta, ‘Traga más profundo’. Sudor, gemidos, el yate balanceándose con nosotros. ‘Me corro… dentro’, avisó Javier, llenándome de leche caliente, chorros espesos. Marco salió de mi boca, me dio la vuelta y clavó su verga enorme en mi culo virgen esa noche. ‘¡Aaaah, duele… pero sigue!’, supliqué, adrenalina pura. Follaron turnándose, pollas resbalando en mis jugos, dedos en mi ano, pellizcos en tetas. Orgasme tras orgasmo, grité como loca, ‘¡Más, joder, folladme como a una puta de lujo!’.
Al final, exhaustos, pollas blandas goteando semen en mi piel. Javier limpió con una toalla de cachemira, ‘Perfecto, como siempre’. Marco sirvió más champán, brindamos. ‘Nuestro secreto élite’, guiñó. Vestidos impecables de nuevo, salimos a cubierta como si nada. Contratos firmados, sonrisas protocolarias. Pero bajo la mesa, sus manos rozaron mi muslo. Ese poder, esa exclusividad… aún siento sus pollas dentro, el olor a sexo en mi piel. Volvería mil veces.