Hola, soy Carmen, una madrileña de curvas peligrosas y mente abierta como el mar. Todo empezó anoche, en ese yate privado anclado en Ibiza. Olía a sal, a cuero nuevo de los asientos italianos y a ese champagne Dom Pérignon que burbujeaba en copas de cristal. Él, un francés de unos cincuenta, ejecutivo en una discográfica parisina. Traje impecable, mirada de poder. Yo, con mi vestido de seda roja que se pegaba a mis tetas y mi coño depilado.
Estábamos en la suite VIP, rodeados de dossiers de nuevos talentos. ‘Mira este, hard rock en inglés’, dijo él, pasándome el iPad. Escuchamos un rato. Guitarras salvajes, gritos guturales. ‘Pura mierda’, solté yo, riendo. Nuestros ojos se cruzaron. Sudor en su cuello, olor a su colonia cara. Él sonrió, ‘Tienes razón, amor. Nada como el jazz’. Tension… subía. Manos rozando papeles, pero era piel lo que queríamos.
La Tensión en el Yate de Lujo
Pasamos al siguiente: balada rock en francés. Voz melosa, letras para adolescentes cachondas. ‘Gnangnán de cojones’, murmuró él, acercándose. Su aliento en mi oreja, calor. Yo crucé las piernas, sintiendo mi humedad. ‘Inútil’, dije, mordiéndome el labio. El yate se mecía suave, luces tenues. Otro dossier: un ‘spicilège’, como llaman a esos recopilatorios de historias musicales. Medio medieval, incomprensible. ‘¡Canta en chino mejor!’, reímos juntos. Sus dedos en mi muslo, ya. El espacio VIP se cerraba. Puertas blindadas, solo nosotros.
El Placer Brutal y el Regreso a las Apariencias
De repente, me levantó contra la mesa de caoba. ‘Fóllame ya’, le susurré, voz ronca. Rasgó mi vestido, tetas al aire. Pezones duros como diamantes. Él, polla enorme sacada del pantalón, venosa, palpitante. ‘Mira esta verga, puta’, gruñó. La metí en mi boca, saliva chorreando, gimiendo. Sabor salado, olor a macho. Me chupó el coño, lengua dentro, clítoris hinchado. ‘Estás empapada, zorra’. Entró de golpe, polla gruesa partiéndome. ‘¡Sí, joder, más fuerte!’ grité. Embestidas brutales, mesa temblando. Sudor mezclado, piel contra piel. Me dio la vuelta, ano expuesto. ‘¿Quieres por detrás?’ ‘¡Métemela en el culo!’ Lubricante de champagne, entró lento… luego salvaje. Gemidos ahogados, orgasmos explotando. Corridas dentro, semen caliente goteando.
Agotados, jadeando. Olía a sexo puro, a lujo sucio. Se recompuso primero. Traje planchado, corbata. ‘Vístete, Carmen. Hay más contratos’. Yo, piernas temblando, seda rota pero sonrisa. Champagne nuevo, brindamos por ‘los verdaderos talentos’. Él elogió un jazz swing que sonaba bajito. ‘Diecisiete de veinte, como tú’. Salimos al deck, azafatas sirviendo caviar. Como si nada. Secretos de élite, miradas cómplices. Nadie sabe. Pero yo… revivo cada embestida. ¿Quieres más detalles? Ven al yate.