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Mi noche prohibida en el yate privado con mi amante joven

Ay, chicas, acabo de bajar de ese yate… aún huelo a sal marina y a cuero caro. Tengo 49 años, mi marido Ricardo 53, juntos desde hace treinta. Él me regaló un amante, ¿sabéis? Javier, 33 años, un joven empresario de vinos orgánicos premium. Nos conocimos en una gala VIP en Marbella, pero esta noche… en su yate privado, anclado frente a Ibiza.

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El sol se ponía, champán Dom Pérignon en copas frías, burbujas picando en la lengua. Estábamos en la cubierta superior, revisando contratos. Ricardo hablaba de importaciones, Javier de sus viñedos exclusivos. Yo llevaba un vestido de seda negro, ajustado, que se subía con cada brisa. Notaba sus miradas… furtivas, calientes. Javier me rozaba la rodilla al pasar papeles, su mano fuerte, bronceada. Ricardo lo pillaba y sonreía, pícaro. ‘Carmen, ¿qué opinas de este deal?’, me dijo, pero sus ojos decían otra cosa. El aire olía a jazmín y a su colonia cara, madera pulida crujiendo bajo mis tacones.

La tensión sube en el yate exclusivo

De repente, Ricardo recibe una llamada de negocios. Se aparta. Javier y yo solos en el salón VIP, sofás de piel italiana, luces tenues. Me acerco, ‘¿Nervioso con los contratos?’, le susurro. Él ríe, nervioso, ‘Contigo aquí, sí…’. Su mano sube por mi muslo, bajo la seda. Húmeda ya, joder. Le miro, corazón latiendo fuerte. ‘¿Y Ricardo?’, digo, pero él me besa. Boca caliente, lengua invasora, sabe a champagne. Manos en mi culo, apretando. El yate se balancea suave, adrenalina pura. Ricardo vuelve… y nos ve. No dice nada, solo se acerca, excitado.

Pum, todo explota. Me siento en el sofá de cuero, Javier de pie. Bajo su cremallera, polla dura, gruesa, venosa. ‘Mira qué pedazo, amor’, dice Ricardo, masturbándose ya. La cojo, chupando la punta, salada, gimiendo. Él gime, ‘Joder, Carmen…’. Ricardo me quita el vestido, spencer cayendo, tetas al aire, pezones duros como piedras. Javier las mama, mordiendo, yo arqueo la espalda. ‘Fóllame ya’, le ruego. Se arrodilla, string a un lado, lengua en mi coño empapado. Lamidas profundas, clítoris hinchado, huelo mi propia excitación mezclada con su sudor. Ricardo me besa, ‘Es tuya esta noche’.

El clímax brutal y el regreso al lujo discreto

Javier se pone condón –Ricardo insiste–, me pone a cuatro en el sofá. Polla entrando de golpe, hasta el fondo. ‘¡Ahhh, sí!’, grito. Me embiste fuerte, cachetadas en el culo, tetas botando. ‘Más duro, cabrón’, le pido. Ricardo delante, polla en mi boca, la trago entera, babas cayendo. Cambio: Javier en levrette profunda, yo chillo, orgasmo brutal, coño contrayéndose, chorros. Él acelera, ‘Me corro…’, gruñe, vaciándose. Ricardo entra después, mi coño resbaladizo de semen y jugos, follándome salvaje. Otra corrida dentro, caliente.

Sudados, jadeantes. Javier se va al baño de mármol, yo me refresco, piernas temblando. Vuelvo, champán en mano, desnuda bajo bata de seda. Ricardo y Javier charlan contratos como si nada, risas. ‘Buen negocio esta noche’, dice Ricardo guiñando. Compartimos cigarros cubanos, vistas a la luna. Secreto de élite, nadie abajo sabe. Bajamos al muelle, besos castos, promesas de más yates. Aún siento su polla dentro… qué vicio de lujo.

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