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Mi noche salvaje en el yate privado del magnate

Ay, chicas, acabo de bajar del yate de ese magnate… Franck, el Druide, como lo llaman. Todo empezó en su chalet vosgiano, pero el clímax fue en su yate anclado en la Costa Azul. Luxe total: cuero italiano oliendo a rico, champán Dom Pérignon burbujeando en copas de cristal, y yo, vestida de seda negra que se pegaba a mis curvas como una segunda piel.

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Estábamos en la sala de reuniones flotante, con vistas al mar al atardecer. Él, con sus dreads plateados y ese sarouel que apenas escondía su paquete monstruoso. Yo, Ornella no, yo soy Lola, la española fogosa de 32, invitada por Maryse para ‘negocios’. Tonio y su rubia Cindy, Didier el deportista, Claire la ejecutiva… todos con carpetas de contratos eróticos. ‘Franck, hay que adaptarse’, decía Tonio, mientras sus ojos me devoraban las tetas. Yo sentía la polla de Franck endureciéndose bajo la mesa, rozándome la pierna. ‘Mmm, ¿y si firmamos en privado?’, susurró él, con voz ronca. El aire cargado de perfume caro y deseo. Champagne en la boca, salado como el mar. Sus dedos en mi muslo, subiendo por la seda… hasta que dijo: ‘A la suite, solo los VIP’. Puertas cerradas, el yate nuestro.

La tensión sube en el salón VIP

¡Dios, qué animal! Me arrancó la seda de un tirón, mis pezones duros como diamantes. ‘Ven aquí, puta española’, gruñó, empujándome al colchón king size, olor a sábanas frescas y cuero. Su polla… joder, un bazooka venoso, 25 cm fáciles, goteando precum. La chupé como loca, lengua en el glande hinchado, bolas pesadas en mi mano. ‘¡Así, cabrona, trágatela!’, jadeaba él. Me puso a cuatro, coño empapado chorreando por mis muslos. Entró de golpe, ¡pum!, rompiéndome el chochito. ‘¡Fóllame fuerte, Druide!’, grité, uñas en su espalda tatuada. Me taladraba, bolas golpeando mi clítoris, sudor mezclado con champán derramado. Cambiamos: yo encima, cabalgando esa verga gruesa, tetas rebotando. Él me pellizcaba el culo, metiendo dedo en mi ano apretado. ‘¡Voy a llenarte, zorra!’, rugió. Orgasmo brutal, squirté como fuente, mojando las sábanas de satén. Él no paró, me volteó, misionero salvaje, piernas en sus hombros, polla hundiéndose hasta el cuello. ‘¡Córrete dentro, papi!’, supliqué. Explosión: semen caliente inundando mi útero, chorros interminables. Colapsamos, jadeos, olor a sexo puro y mar.

Al amanecer, vuelta a la normalidad. Duchas de lluvia tropical, albornoces de cachemira. Desayuno en cubierta: caviar, fresas, café fuerte. ‘Buen negocio, ¿eh?’, sonrió Franck, guiño cómplice. Tonio fingía leer contratos, Cindy sonrojada recordando sus gemidos. ‘Firma aquí’, dijo Claire, como si no hubiéramos follado como bestias. Besos en mejillas, promesas de deals. Bajé al jet privado, coño dolorido pero feliz, secreto elite guardado. Ese poder, ese lujo… adictivo. ¿Repetimos?

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