Acabo de bajar del yate privado de ese magnate, el corazón aún latiéndome fuerte. Dios, qué noche… Estaba en Ibiza, invitada a una fiesta VIP en su mega yate, todo cristal, mármol blanco y luces tenues que bailan sobre el mar negro. Olor a sal mezclada con cuero italiano de los asientos, champán Dom Pérignon en copas frías que pican en los labios. Yo, con mi vestido de seda roja ceñido, que se pega a mis curvas como una segunda piel, tacones Louboutin que clican en la cubierta.
Me acerco a la zona de contratos, mesas con dossiers abiertos, tipos en trajes a medida hablando de millones. Él, Javier, el dueño, ojos oscuros, mandíbula cuadrada, reloj Patek que brilla. Me mira… y se acerca. ‘¿Eres tú, la Valentina? La que Sandra me recomendó… Dios, estás incluso mejor en persona’. Eh… ¿Valentina? Esa escort legendaria de Marbella, pelirroja fuego como yo ahora, con labios carnosos y ese tatuaje discreto en la cadera. Me teñí el pelo hace días, solo por diversión, y ¡zas! Me confunde con ella.
La tensión sube en la cubierta exclusiva
Sonrío, el pulso acelera. ‘Sí… soy yo. ¿Qué tal si charlamos de tu… contrato?’. Nos sentamos en un sofá de terciopelo, piernas rozando, su mano en mi rodilla. Huele a colonia cara, Creed Aventus, y sudor sutil de poder. Hojeamos papeles, pero sus ojos bajan a mi escote, a la seda que se arruga. ‘Joder, Valentina, Sandra dijo que eras adictiva…’. Tension sexual pura, aire cargado, el mar meciendo el yate. Yo, abierta como siempre al lujo y la adrenalina, le sigo el juego. ‘¿Quieres ver el verdadero contrato privado?’
Me lleva a su suite master, puerta corredera que se cierra con clic suave. Espacio VIP total: cama king size con sábanas egipcias, jacuzzi burbujeante, ventanales al infinito mar. Luces bajas, música jazz sensual. Me empuja contra la pared forrada de seda, labios en mi cuello. ‘Quítate eso, puta de lujo’. Rasga mi vestido, pechos al aire, pezones duros como diamantes. Le bajo los pantalones, su polla salta, gruesa, venosa, goteando pre-semen. ‘Mmm, qué pedazo de verga, Javier…’. Me arrodillo, olor a macho puro, la chupo hondo, lengua en el glande, bolas en mi mano. Él gime, ‘Joder, chúpala más, zorra…’
El clímax brutal y el regreso al lujo impecable
Me pone en la cama a cuatro patas, nalgas arriba, coño mojado chorreando. ‘Mira cómo te empapas por mí’. Me abre con dedos, dos, tres, jugo por mis muslos. Entra de golpe, polla dura reventándome el coño, embiste salvaje. Plaf, plaf, piel contra piel, olor a sexo crudo mezclado con champán derramado. ‘¡Fóllame más fuerte, cabrón! ¡Rompe mi coño VIP!’. Me agarra el pelo, tira, me azota el culo rojo. Cambio: yo encima, cabalgo su polla, tetas botando, clítoris frotando. Grito, orgasmo brutal, chorro caliente en su vientre. Él explota dentro, semen espeso llenándome, gotea por mis piernas.
Sudados, jadeantes, nos duchamos en la lluvia tropical del baño onyx. Champán fresco, toallas calientes. Me viste como nuevo, peina mi pelo revuelto. ‘Nuestro secreto, Valentina… Eres la mejor terapia’. Subimos a cubierta, él cierra deals con sonrisa pícara, yo bebo Moët como si nada. Miradas cómplices, él me da un sobre grueso, ‘Por el… servicio’. Sonrío, beso en la mejilla. Bajo al muelle, piernas temblando aún, coño palpitante. Secretos de élite, puro prestigio. ¿Volverá a confundirme? Mmm, la próxima, en su jet privado…