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Follada salvaje en el yate privado con mi amante y mi marido

Ay, amor, si supierais lo que viví anoche en el yate de Paco, mi marido. Ese monstruo de 50 metros anclado en la bahía de Ibiza, todo en teca pulida y cuero italiano que huele a riqueza pura. Champagne Dom Pérignon en copas de cristal, burbujas que pinchan la lengua, fresca como el viento del mar. Yo, Carmen, con mi vestido de seda negra ceñido al cuerpo, tetas altas y culo redondo que hace girar cabezas.

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Estábamos en la sala de reuniones VIP, Gaétan, mi amante francés, con su traje Armani impecable, y Lydie, su mujer, esa rubia fría que parece una estatua. Firmando contratos millonarios, Paco presidiendo con su puro cubano humeando, olor a tabaco caro mezclándose con mi perfume Chanel. Miradas cruzadas, eh… las suyas sobre mis piernas abiertas bajo la mesa de cristal, las mías en el bulto de su pantalón. ‘Carmen, pasa los dossiers’, dice Paco, pero su voz ronca traiciona el hambre. Gaétan me roza el pie, dedo gordo subiendo por mi tobillo, piel erizada. Lydie finge leer, pero sus pezones duros marcan la blusa de satén.

La tensión sube en la cubierta VIP

La puerta se cierra, tripulación fuera. Espacio privado ya. Paco apaga las luces bajas, solo velas y la luna reflejada en el mar negro. ‘Bueno, ¿negocio o placer?’, ríe, sirviendo más champán. Tensión eléctrica, aire cargado de feromonas. Me levanto, vestido resbalando por mis muslos, ‘Yo voto por placer, maridito’. Gaétan jadea, Lydie se muerde el labio.

De repente, Paco me agarra por la nuca, beso brutal, lengua invadiendo mi boca con sabor a whisky añejo. Gaétan no se queda atrás, manos en mis tetas, pellizcando pezones duros como piedras. ‘Quítate eso, puta’, gruñe Paco, bajándome el vestido. Desnuda, piel de gallina por el aire acondicionado, coño ya húmedo goteando. Lydie observa, pero Paco la jala: ‘Tú también, zorra’. Ella obedece, tetas perfectas al aire.

Yo me arrodillo ante Gaétan, polla dura saltando del pantalón, venosa y palpitante. La chupo hondo, saliva chorreando, ‘Mmm, qué rica tu verga, amor’. Él gime, manos en mi pelo. Paco empuja a Lydie a cuatro patas sobre la mesa de cuero, ‘Abre ese coño estirado’. Le mete dos dedos, ella chilla ‘¡Ay, sí!’. Luego su polla enorme, más gruesa que la de Gaétan, la parte en dos de un empellón. ‘¡Joder, qué prieta!’, ruge Paco, follando como un toro, culazos rebotando, sudor brillando.

El clímax brutal y el regreso a las apariencias

Yo sigo mamando a Gaétan, pero Paco me ve y ríe: ‘Ven, Carmen, lame sus huevos mientras la monto’. Cambio, nariz en el culo de Lydie, oliendo su excitación almizclada, lengua en las bolas de Paco que golpean mi cara. ‘¡Más adentro, cabrón!’, grita ella, orgasmeando, coño contrayéndose alrededor de la verga de mi marido. Gaétan no aguanta, me llena la boca de corrida caliente, salada, tragando todo con un ‘Glup’ guloso.

Paco saca su polla chorreante de Lydie, me tumba en el sofá de cuero crujiente, piernas abiertas. ‘Ahora tú, mi puta’. Me penetra salvaje, ‘¡Qué coño tan chorreante!’, embiste profundo, tetas botando. Gaétan se une, polla en mi boca de nuevo. Lydie lame mis pezones, ‘Carmen, eres una diosa’. Gimo alrededor de la verga, ‘¡Folladme más fuerte!’. Paco acelera, ‘Te voy a llenar, zorra’. Explota dentro, semen caliente inundando mi útero, yo corro al mismo tiempo, uñas clavadas en su espalda, ‘¡Síii!’

Jadeantes, cuerpos sudorosos pegados, olor a sexo y mar. Paco se retira, semen goteando de mi coño. ‘Vístanse, tenemos que firmar’. En minutos, trajes puestos, maquillaje retocado, copas en mano como si nada. ‘Contrato cerrado, amigos’, sonríe Paco, guiño cómplice. Gaétan besa mi mano, Lydie me roza el culo disimuladamente. Bajamos al muelle, risas elegantes, secreto élite guardado. Pero mi coño palpita aún, recordando. ¿Repetimos pronto? Ay, qué vicio…

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