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Mi Orgía Privada en el Jet del Multimillonario Griego

Acabo de bajarme de ese jet privado, ¿sabes? Todavía huelo a cuero italiano nuevo, mezclado con su colonia cara y el fizz del champán Dom Pérignon que nos bebimos. Soy Carmen, la española que conquista reliquias antiguas para millonarios. Él, Tali, un griego de ojos negros y pasta infinita, me contrató para cazar el cetro de Clitemnis, la reina amazona. Volábamos de Madrid a Atenas, solos en la cabina VIP, papeles esparcidos en la mesa de caoba.

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Sus dedos rozaban los míos al pasar dossiers. ‘Mira esto, Carmen, el mapa hittita…’, murmuraba, voz grave como un ronroneo. Yo cruzaba las piernas, mi falda de seda subiendo por los muslos. El aire acondicionado erizaba mi piel, pezones duros bajo la blusa blanca. Él notaba todo, sonrisa lobuna. ‘¿Calor?’, preguntó, sirviéndome más champán. Burbujas en mi lengua, dulces, frías. Nuestras rodillas se tocaban. ‘Prestigio, poder… me encanta’, le dije, mordiéndome el labio. Sus ojos bajaron a mi escote. Tension… uf, crecía como su bulto en los pantalones Armani.

Tensión en las Nubes de Lujo

De repente, pulsó un botón. La mampara se cerró, separándonos del piloto. Espacio privado, luces tenues, jazz suave. ‘Ahora, solo nosotros’, dijo, acercándose. Su mano en mi rodilla, subiendo lenta. ‘Quiero sellar el contrato… a mi modo’. Yo jadeé, abriendo las piernas. ‘Hazlo, Tali. Fóllame como a una reina’. Me levantó, boca en mi cuello, mordiendo suave. Huelo su aliento a menta y deseo. Blusa fuera, sujetador de encaje volando. Sus labios chuparon mis tetas, lengua en los pezones, tirando, lamiendo. ‘Joder, qué duras’, gruñó.

Explosión Brutal y Secreto Elite

Lo empujé al sofá de cuero, desabroché su bragueta. Polla enorme, venosa, goteando pre-semen. ‘Mmm, qué pedazo de verga griega’, susurré, lamiendo la cabeza salada. Él gemía, manos en mi pelo. La tragué entera, garganta profunda, saliva chorreando. ‘Carmen… sí, chúpala más’. Me folló la boca, caderas empujando. Luego, me volteó, falda arriba, tanga rota. ‘Tu coño depilado brilla, puta española’. Dedos en mi clítoris, frotando rápido, yo chorreando. ‘¡Métemela ya!’. Embistió, polla gruesa abriéndome, coño apretado tragándosela. Plaf, plaf, contra mis nalgas. ‘¡Fóllame duro, cabrón!’, gritaba, uñas en su espalda. Él aceleraba, bolas golpeando mi culo, sudor mezclado. ‘Te voy a llenar de leche’. Cambiamos: yo encima, cabalgando, tetas rebotando, clítoris rozando su pubis. Orgasmo brutal, coño contrayéndose, chorros calientes. Él explotó dentro, semen espeso inundándome, gimiendo ‘¡Sí, reina!’.

Minutos después, jadeantes, nos vestimos. Champán de nuevo, papeles en orden. ‘Contrato sellado’, sonrió, guiñando. Yo crucé piernas, semen goteando aún. Apariencias perfectas, secreto elite. Bajamos en Atenas como socios intachables. Pero su mirada prometía más yates, más folladas VIP. Adrenalina pura.

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