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Mi polvo salvaje con el nuevo jefe en la suite del Mandarin Oriental

Ay, chicas, acabo de salir de esa locura… Soy Carla, 48 años, asistente personal de un pez gordo en el mundo de los yates y jets privados. Mi vida es puro lujo: trajes de seda, olor a cuero nuevo en las limusinas, burbujas de Dom Pérignon que pican en la lengua. Hoy, en la suite presidencial del Mandarin Oriental de Barcelona, con el nuevo CEO, un tipo de 45, alto, ojos verdes que te desnudan. Llegamos del jet, exhaustos pero… cargados.

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Estábamos en la mesa de mármol, rodeados de contratos millonarios por un yate exclusivo para oligarcas rusos. Él, con camisa blanca pegada al pecho musculoso por el sudor del día. Yo, falda lápiz ajustada, medias de hilo que rozan mis muslos. ‘Carla, mira este cláusula…’, dice, inclinándose. Su aliento huele a menta y poder. Nuestros brazos se rozan, electrico. Levanto la vista, sus ojos fijos en mis tetas, que asoman un poco del escote. ‘Joder, qué calor aquí’, murmuro, abanicándome. Él sonríe, perverso: ‘Sí, pero no es el aire acondicionado…’. Sirvo champagne, el cristal frío contra mis dedos. Brindamos, las burbujas explotan en mi boca, dulce y ácido. Nuestras rodillas se tocan bajo la mesa. ‘¿Sabes por qué te pagaba tanto el anterior?’, pregunta, voz ronca. ‘Porque eras su puta discreta’, añade, y su mano sube por mi muslo. Dudo, ‘Señor, los contratos…’, pero mi coño ya palpita. Él cierra la puerta de la zona privada, cortinas de terciopelo caen. ‘Ahora solo nosotros, Carla. Quítate esa falda.’

La tensión sube en el penthouse

Uf, no pude resistir. Me empuja contra la cama king size, sábanas de hilo egipcio suaves como piel. Rasga mi blusa, mis tetas saltan, pezones duros. ‘Mira qué zorra’, gruñe, chupándomelos fuerte, mordiendo hasta doler rico. Yo gimo, ‘Sí, joder, más…’. Le bajo los pantalones, su polla sale dura como hierro, gruesa, venosa, 20 cm que me babean. ‘Chúpala’, ordena. La meto en la boca, saliva chorreando, lengua en el glande salado. Él me agarra el pelo: ‘Profundo, puta’. La empujo hasta la garganta, tosiendo, pero excitada. Me pone a cuatro patas, olor a su colonia cara y mi humedad. ‘Tu coño está chorreando’, dice, metiendo dos dedos, removiendo mi clítoris hinchado. ‘Fóllame ya’, suplico. Empuja su polla de un golpe, llenándome hasta el fondo. ‘¡Ahhh, joder!’, grito, paredes de coño apretándolo. Me taladra en levrette, huevos golpeando mi culo, rápido, brutal. Cambio a vaquera, cabalgo su verga, tetas rebotando, sudor mezclado. Él me aprieta las caderas: ‘Córrete, zorra’. Siento el orgasmo subir, coño convulsionando, chorros de jugo en su polla. Él me voltea, misionero con piernas en hombros, follando profundo, ‘Me voy a correr dentro’. ‘Sí, lléname’, gimo. Eyacula caliente, chorros potentes inundando mi útero. Colapso, su semen goteando de mi coño destrozado.

Minutos después, ducha rápida, jabón caro oliendo a jazmín. Nos vestimos, él impecable en traje, yo recompuesta, maquillaje fresco. Bajamos al restaurante VIP, caviar y foie, charla de negocios como si nada. ‘Excelente trabajo hoy, Carla’, dice con guiño. Sonrío, piernas temblando aún. Nuestro secreto: polla en coño en suite de lujo, poder y vicio compartido. Mañana, jet a Dubai, ¿repetimos? Ay, esta vida… me vuelve loca.

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