Ay, chicas, aún huelo el cuero caro de los sofás del yate de Pierre. Ese yate privado, anclado en la bahía de Ibiza, todo cristal y mármol, con el sol poniéndose y el champagne Dom Pérignon burbujeando en las copas. Yo, Sofia, española de pura cepa, abierta como una puta de lujo, estaba allí con mi hombre, Pierre, el rey de los negocios. Y llega Marco, ese masajista que mi amor había invitado. ‘Cariño, prueba sus manos mágicas’, me dice Pierre, guiñando.
Estábamos revisando papeles, contratos para el salón de masajes de Marco. Un local exclusivo en la zona VIP de la isla, perfecto para ricachonas como yo. Sentada en esa piel suave, rozando mis muslos desnudos bajo el vestido de seda, noto sus ojos. Marco me mira el escote, las tetas firmes asomando. ‘Ehm… el contrato parece bien’, balbucea él, pero su polla ya marca en el pantalón. Pierre ríe, pasa la mano por mi culo. ‘Firma, Marco, y luego… relájate’. El aire huele a sal marina y a sexo inminente. Brindamos, el champán dulce en mi lengua, y de repente, Pierre cierra la puerta de la suite privada. ‘Ahora sí, solo nosotros’. El yate se mece suave, pero mi coño palpita fuerte.
La tensión sube en la cubierta de lujo
Marina no, yo soy Sofia, y me subo encima de Pierre en la cama king size, forrada de satén negro. Le monto despacio, su polla gorda abriéndome el coño chorreante. ‘Mira, Marco…’, le digo, girada hacia la puerta entreabierta. Él espía, lo sé. Sus ojos clavados en mi culo rebotando, en esa verga entrando y saliendo. Huele a polla sudada, a mi jugo. Acelero, tetas bamboleando, pezones duros como diamantes. Nuestros ojos se cruzan, le sonrío pícara. ‘Ven…’, susurro.
Pierre me abre el culo con aceite tibio, olor a vainilla cara. Marco se acerca, titubeante. ‘Tócame ahí’, gimo, mientras follo a mi hombre. Sus dedos encuentran mi zona caliente, esa marca de niña que nadie había despertado. ‘Joder, qué calor…’, murmura él. Masajea mi ano, círculos lentos, mi estrella negra se relaja. ‘Mete un dedo’, suplico, empalándome más hondo. Entra fácil, luego dos. Me corro gritando, coño apretando la polla de Pierre.
El polvo salvaje y el debut anal
Me bajo, chupo la verga de Marco, dura como hierro, sabor salado. Pierre me unta el culo. ‘Es tu primera vez, amor’, dice él, colocándome a cuatro patas. Marco me folla el coño brutal, palmadas en las nalgas. ‘¡Más fuerte, cabrón!’, chillo. Pierre apunta su glande en mi ano virgen. ‘Despacio…’, jadeo. Empuja, duele un segundo, luego placer puro. ‘¡Sí, métemela toda!’. Me follan sincronizados, polla en coño y culo, estirándome hasta el fondo. Huele a sudor, semen, lubricante. Me corro como loca, ‘¡Me vengo, joder!’. Pierre eyacula primero, chorros calientes en mis tripas. Marco sigue, llenándome el coño. Caemos exhaustos, semen goteando.
Minutos después, ducha en la suite, agua caliente lavando todo. Pierre me enjabona el culo con mimo, Marco mis tetas. Reímos como si nada. ‘Buen masaje, ¿no?’, dice Pierre, sirviendo más champán. ‘Firma el contrato mañana’, añado yo, guiñando a Marco. Volvemos a cubierta, vestidos impecables, brindando con otros VIP. Nadie sabe nuestro secreto élite, esa follada anal que me cambió para siempre. Ay, qué subidón…