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Mi polvo salvaje con una modelo en el yate privado

Estaba en mi yate privado, anclado en la Costa Azul. El sol se ponía, tiñendo el mar de oro. Olor a cuero nuevo en los asientos, champagne Dom Pérignon en copas de cristal. La invité a ella, María, una chica de veinte años que vi en redes. Fotos de moda, pero con un culo que prometía. Le mandé mi book de fotos en lencería. ‘¿Quieres posar?’, le dije. ‘Sí, me encanta’, respondió rápido.

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Llegó con un vestido ligero, piel morena mestiza, labios carnosos. Hablamos de contratos, de shootings exclusivos para mi colección privada. Le mostré el book en la sala VIP, rodeadas de mármol y cristal. Ella nerviosa, yo oliendo su perfume dulce. ‘¿Qué lencería traes?’, pregunto. Saca conjuntos negros de encaje. ‘¿Llevas algo puesto?’, insisto. Levanta el vestido… joder, un tanga negro perfecto, marcando sus nalgas firmes. ‘Princesa Tam Tam, ¿eh? Me encanta’, digo, rozando con la vista. Se ríe, coqueta. ‘No muchos tíos conocen marcas de bragas.’

La tensión sube en el yate exclusivo

La mando a cambiarse al baño de lujo. Viste: tanga negro, medias, top suelto marrón que deja ver el culo. Preparo el spot: sábanas beige sobre el diván de seda, jugando con tonos. Sale, la cojo de las manos, la hago girar. ‘Qué preciosa…’ Sus pechos suben y bajan. La miro fijo, ella sonríe, halagada. ‘Remóntate el tanga, que marque bien el culo’, pido. Lo intenta, pero no. ‘¿Puedo?’, digo. ‘Sí…’, murmura, voz temblorosa.

Mis dedos rozan su piel suave como seda, ajusto el encaje en su raja. Huele a su excitación leve. Se pone a cuatro en el diván, arquea la espalda. Fotos: sube el top, muestra tetas pequeñas, tanga hundiéndose. ‘Abre piernas, quiero ver el encaje mojado.’ Obedece, sensual. Mi coño palpita. ‘Quítate el top’, ordeno. Tetas al aire, mirada a mi braga abultada… espera, no llevo, voy sin.

Vuelta a la elegancia con nuestro secreto

De repente, mi cámara falla. Pitido, negro. Mierda. Pero ella ahí, desnuda casi, arrodillada. Nuestros ojos se cruzan. Silencio cargado, como magia. Dejo la cámara, mi mano roza su tanga. Húmeda ya. ‘Joder, estás empapada.’ Mi otra mano en su espalda caliente. Cierro ojos, gime bajito. Me subo al diván, la pego a mi muslo. Mano izquierda bajo el tanga: labios hinchados, clítoris duro, chocho chorreando. ‘Un dedo, guapa.’ Se abre, vagina apretada tragándome el dedo. ‘Dos’, digo, metiendo más, follándola con dedos.

‘Vas a correrte para mí.’ La aprieto contra mí, mordiendo su cuello salado. Dedos derechos en clítoris, izquierdos bombeando su coño. Cyprine gotea, resbala. ‘Baja el tanga a medio muslo.’ Lo hace, dócil. La masturbo fuerte, tetas en mi palma. ‘Córrete, puta, déjame doñarte el coño.’ Tiembla, grita ahogado, orgasmo la sacude. Vibra contra mí, piel ardiendo, perdida en placer.

La abrazo, beso cuello, labios. ‘Qué corrida brutal.’ Respira agitada. Minutos después, se recompone. Nos vestimos, champagne de nuevo. Firmamos el contrato como si nada. ‘Nuestro secreto de élite’, guiño. Ella sonríe, cómplice. Bajamos del yate, apariencias intactas. Pero sé que volverá por más.

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