Acabo de bajar del yate privado de ese magnate ruso, en las aguas de Ibiza. Dios, aún siento el olor a cuero italiano y sal marina pegado a la piel. Éramos un grupo selecto: inversores con contratos millonarios sobre la mesa de caoba en la cubierta superior. Yo, con mi vestido de seda negra ceñido, cruzaba las piernas despacio, notando cómo sus ojos me devoraban mientras firmábamos papeles. ‘Cariño, este deal nos hará ricos’, me susurró al oído, su aliento con aroma a Dom Pérignon. La tensión subía… sus dedos rozaban los míos bajo la mesa, y yo sentía mi coño humedecerse ya. Miradas furtivas, sonrisas cómplices. El sol se ponía, tiñendo el mar de rojo, y el club exclusivo del puerto nos esperaba para la cena. Pero él… él me guiñó el ojo. ‘Ven conmigo un momento’. El espacio VIP del yate se volvió nuestro. Bajamos a la suite principal, la puerta se cerró con un clic suave. El lujo: jacuzzi burbujeante, sábanas de hilo egipcio, champán enfriándose.
Sus manos me arrancaron el vestido de un tirón. ‘Joder, qué tetas tan perfectas’, gruñó, chupándome los pezones duros como piedras. Yo gemí, arqueándome. ‘No tenemos tiempo, amor… pero fóllame igual’. Me empujó contra la pared de mármol, el vapor de la ducha ya llenando el baño. Agua caliente cayendo como lluvia tropical, espejos empañados. Nos besamos con furia, lenguas enredadas, su polla tiesa chocando contra mi pubis. La agarré, la masturbe despacio, sintiendo las venas pulsar. ‘Métemela ya, por favor…’. Se giró, me lavó con gel caro, manos en mis tetas, pellizcando pezones. Bajó al coño, masajeando mis labios hinchados. Eché las piernas atrás, ‘Sí, ahí, frota mi clítoris’. Sus dedos entraron, pero yo quería más. Le rogué: ‘Sácame las bolas de geisha del culo…’. Tiró de la cuerda, la primera bola salió distendiendo mi ano, resbaladizo de jabón. ‘Mira cómo se abre tu culito’, jadeó. La segunda… ahhh. Mi respiración se aceleró, gemí ronca. Su polla, cubierta de espuma, se clavó directo en mi culo. ‘¡Sí, fóllame el culo fuerte!’. Me embistió hasta el fondo, sus bolas golpeando mi coño. Una mano en mi teta, la otra pellizcando el clítoris. ‘Vas a correrme, puta mía…’. Me corrí gritando, contracciones apretando su verga, jugos chorreando. Él no paró, me pilaron el culo salvaje contra la pared. ‘¡Toma mi leche en tu ojete!’. Eyaculó dentro, caliente, llenándome. Nos quedamos jadeando, su polla saliendo, reemplazada por dedos que removían su semen en mi ano dilatado. Lamí sus dedos, sabor salado. ‘A este paso, llegamos tarde’, reí. Nos lavamos ‘sabios’, pero con las bolas de nuevo en mi coño, vibrando.
La Tensión en el Yate de Lujo
Salimos del yate, tomados de la mano, hacia el club exclusivo. Media hora tarde, pero en este mundo, el retraso es poder. En la cena VIP, 30 élites brindando. Yo sentada, sintiendo las bolas masajeando mi coño con cada movimiento. Él me miraba, sabiendo. Una chica, Stephanie, nos pinchó: ‘¡Habéis tardado! ¿Perdidos en el yate?’. Reí, cruzando piernas para no gemir. ‘Algo así…’. Bajo la mesa, su pie rozó mi muslo. Secretos compartidos en miradas. Nadie sospechaba nuestro polvo anal brutal minutos antes. Firmamos más contratos, champagne fluyendo, pero yo solo pensaba en su semen goteando de mi culo bajo la falda de seda. Él me susurró: ‘Esta noche, en el jet privado, te follo de nuevo’. Adrenalina pura, poder y placer exclusivo. Somos así: élite, viciosos, imparables.