Ay, chicas, aún huelo el cuero del yate. Ese Superyate anclado frente a Ibiza, todo lujo: champán Dom Pérignon burbujeando en copas de cristal, brisa salada mezclada con colonia cara. Yo, Sofia, en mi vestido de seda negro que se pega a mis tetas y mi culo, al lado de mi marido Carlos, el rey de las finanzas. Llegan ellos: Miguel, su socio, alto, ojos que queman, y su mujer Laura, rubia depiladita, tetas perfectas de quirófano.
Estamos en cubierta, firmando contratos millonarios. Papeles sobre la mesa de teca, bolígrafos Montblanc. Carlos habla de fusiones, pero yo noto las miradas. Miguel me devora el escote, su mano roza mi muslo ‘por accidente’ al pasar el dossier. ‘Sofia, qué piel tan suave’, murmura, voz ronca. Laura ríe, coqueteando con Carlos, su pie subiendo por su pierna bajo la mesa. Yo siento el calor entre mis piernas, el tanga ya húmedo. ‘Eh… ¿seguimos con los números?’, digo, mordiéndome el labio, pero mis pezones duros delatan todo.
Tensión en cubierta: contratos y miradas calientes
El sol se pone, rosas y naranjas en el mar. ‘Vamos abajo, a la cabina VIP, para cerrar esto en privado’, sugiere Carlos, guiñándome. Bajamos, el aire acondicionado fresco contra mi piel caliente. Puerta cierra con clic. Espacio íntimo: cama king size con sábanas de hilo 1000, minibar con hielo tintineando. Ya no hay contratos. Miguel me agarra la cintura, ‘No aguanto más, Sofia, tu coño me llama desde cubierta’. Carlos asiente, ‘Hazlo, socio, ella es mía pero hoy compartimos’. Laura se quita el bikini, tetas saltando, y besa a Carlos.
Miguel me arranca el vestido, seda rasgando suave. ‘Joder, qué tetas, qué chochito depilado’, gruñe, chupándome los pezones, mordiendo hasta doler rico. Yo gimo, manos en su polla dura como hierro, venosa, goteando pre-semen. ‘Fóllame ya, cabrón’, le suplico, voz temblando. Me tira en la cama, piernas abiertas, huelo mi propia excitación, salada y dulce. Su lengua en mi clítoris, lamiendo chupando, dedos metidos en mi coño chorreante. ‘Estás empapada, puta de lujo’, dice, y yo me corro gritando, jugos en su boca.
Clímax en la cabina: polvos sin frenos
Carlos folla a Laura al lado, su polla grande entrando en su culito apretado, gemidos sincronizados. Miguel me pone a cuatro, nalgada en mi culo firme. ‘Toma verga, Sofia’, embiste, polla gruesa abriéndome el coño, bolas golpeando mi clítoris. Cada estocada profunda, ‘¡Más! ¡Rompe mi coño!’, pido, uñas en las sábanas. Él acelera, sudor goteando, olor a sexo puro. Me da la vuelta, misionero salvaje, besos brutales, lenguas enredadas. ‘Me corro dentro’, avisa, y siento su leche caliente llenándome, espasmos interminables. Yo exploto otra vez, coño contrayéndose ordeñándole hasta la última gota.
Laura chilla su orgasmo con Carlos, semen en sus tetas. Jadeamos todos, cuerpos pegajosos. Minutos después, duchas rápidas, olor a jabón caro. Subimos a cubierta, vestidos impecables, champán nuevo. ‘Contrato cerrado, ¿no?’, dice Carlos riendo, brindando. Miguel me guiña, ‘El mejor acuerdo de mi vida’. Laura besa mi mejilla, ‘Secreto nuestro’. Aparcamos sonrisas, hablamos de yates y jets como si nada. Pero bajo la mesa, mi pie roza la polla de Miguel, promesa de más. Ese poder, esa exclusividad… me pone cachonda solo recordarlo.