Estaba en el yate privado de un magnate, anclado frente a Ibiza. Cuero italiano en los asientos, olor a sal marina mezclado con el humo de un habano caro. Champán Dom Pérignon en copas de cristal, burbujas que pinchan la lengua. Yo, Carmen, falda de seda ceñida, escote que deja ver justo lo suficiente. Delante, Alex, mi socio en este deal millonario. Traje a medida, ojos que me desnudan mientras revisamos los contratos. Sus manos rozan las mías al pasar las páginas, piel cálida, pulso acelerado.
—¿Fumamos? —digo, voz ronca, rompiendo el silencio.
La Tensión que Quema en la Cubierta
Alex saca un cigarro electrónico, lo enciende. Torso semidesnudo bajo la camisa abierta, pezones duros, bulto evidente en los pantalones. El yate se mece suave, pero el aire vibra. Nuestras miradas se cruzan en el reflejo de la mesa de mármol. Olor a su colonia cara, madera pulida, tensión que sube como la marea.
—¿Puedo…? —murmura Alex, acercándose.
Asiento. Su mano en mi muslo, sube la falda. Seda que resbala, mi coño ya húmedo, clítoris hinchado asomando. Alex se arrodilla, boca caliente entre mis piernas. Lengua que lame despacio, chupa mi clítoris como si fuera una polla pequeña. Gimo bajito, agarro su pelo.
La cubierta VIP se vacía. Tripulación discreta desaparece. Vamos a la suite privada, puerta que se cierra con clic metálico. Luces tenues, cama king size con sábanas de hilo egipcio.
Alex me empuja contra la pared forrada de terciopelo. Beso salvaje, lenguas que se enredan, sabor a champán y deseo. Le bajo los pantalones: polla semi-dura, venosa, goteando pre-semen. La agarro, masturbo firme. Alex gime, me gira, arranca mi tanga. Dos dedos en mi coño, empapado, chapotea. Me folla con la mano, pulgar en el clítoris, yo contra su polla dura ahora.
El Clímax Brutal en la Suite Privada
—Chúpamela —ordena, voz quebrada.
Me arrodillo en la alfombra persa, engullo su polla entera. Boca llena, saliva que chorrea, bolas en mi barbilla. Alex me folla la garganta, caderas empujando. Saco mi clítoris, lo froto mientras succiono. Olor a sexo, sudor mezclado con perfume de lujo.
Saca un arnés del cajón secreto: silicona gruesa, curvada, venas realistas. Se lo pone, sangres que chasquean contra su piel tatuada. Me tumba en la cama, piernas abiertas. Entra despacio, mi coño lo traga, lleno hasta el fondo. Embestidas brutales, cama que cruje, tetas rebotando. Siento cada vena del strap-on rozando mis paredes, clítoris frotando su pubis.
—Fóllame más fuerte, joder —suplico, uñas en su espalda.
Acelera, sudor goteando en mis pechos. Su polla real roza mi muslo, dura como hierro. Me corro primero, coño contrayéndose, chorro que moja las sábanas. Alex se sale, se masturba furioso, semen caliente salpicando mi vientre, cicatrices imaginarias de placer.
Nos besamos, jadeos entrecortados. Cuerpos pegados, piel pegajosa. Pero el reloj marca. Nos vestimos rápido: yo aliso la falda, él cierra la braguette. Champán fresco, cigarro nuevo. Salimos a cubierta como si nada, sonrisas cómplices. Contratos firmados al amanecer, deal cerrado. Secreto de élite, adrenalina del poder y el placer exclusivo. Nadie sabrá que bajo esa seda, mi coño aún palpita con su marca.