Mi follada salvaje en el yate privado del millonario

Ay, chica, no te imaginas lo que me pasó la otra noche en ese yate privado en la Costa Brava. Yo, toda de Armani, falda ceñida de seda negra que rozaba mis muslos, tacones Louboutin clavándose en la cubierta de teca pulida. Él, ese millonario de mirada penetrante, traje a medida oliendo a colonia cara y cuero nuevo del salpicadero. Estábamos revisando contratos, eh… facturas millonarias por mis inversiones en su holding. Champán Dom Pérignon en copas frías, burbujas picando en la lengua, sal marina mezclada con su aftershave.

Se sienta cerca, demasiado. Sus rodillas rozan las mías bajo la mesa de cristal. ‘Eres preciosa, Carmen’, me dice con voz grave, ojos clavados en mis labios. Yo sonrío, cruzo las piernas despacio, la falda sube un poco, dejando ver el encaje de mis ligas. ‘Gracias, pero estos contratos… ¿estás seguro de las cláusulas?’. Él se inclina, su aliento cálido en mi cuello, páginas crujiendo entre sus dedos fuertes. El sol se pone, tiñendo el mar de naranja, y noto su mirada bajando a mi escote, el sujetador de encaje asomando. Hago como que no veo, pero mi coño ya palpita, húmedo contra las bragas de hilo.

La tensión sube en la cubierta de lujo

De repente, cierra la carpeta. ‘Ven, hablemos en privado’. Me coge la mano, piel suave contra su palma áspera, y me lleva a la cabina VIP abajo. Puerta cierra con clic metálico, luces tenues, cama king size con sábanas de satén, olor a jazmín y cuero italiano. Ya no hay contratos, solo nosotros. Me empuja contra la pared, labios en mi cuello. ‘Te quiero ahora, joder’. Sus manos suben mi falda, rasgando las ligas con un tirón. Yo gimo, ‘Sí… fóllame, cabrón rico’.

Le bajo la cremallera, su polla sale dura como hierro, venosa, goteando pre-semen. La agarro, chupando la punta salada, lengua girando alrededor del glande hinchado. Él gruñe, me tumba en la cama, arranca mis bragas de un tirón. Mi coño depilado brilla de jugos, labios hinchados abiertos. ‘Qué puta mojada estás’, dice, metiendo dos dedos gruesos, chapoteando dentro. Yo arqueo la espalda, ‘Lámeme, come mi coño’. Baja la cabeza, lengua plana lamiendo mi clítoris, chupando fuerte, nariz frotando mi pubis. Huele a sexo puro, mi flujo caliente en su boca. Gimo alto, ‘¡Sí, así, joder!’,

El clímax privado y el regreso a las apariencias

Me abre las piernas, polla cabezona empujando mi entrada. Entra de golpe, estirándome hasta el fondo, cojones peludos contra mi culo. ‘¡Fóllame duro!’, grito. Él embiste como animal, cama crujiendo, piel chocando sudorosa. Le clavo uñas en la espalda, mordiendo su hombro salado. Cambio posición, yo encima, cabalgando su verga gruesa, tetas rebotando libres del sujetador roto. Sus manos amasan mis nalgas, dedo en mi ano apretado, untado de mis jugos. ‘Te voy a correr dentro, puta de lujo’, jadea. Yo acelero, coño apretando su polla, orgasmos rompiéndome en olas. Él explota, semen caliente llenándome, chorros espesos goteando fuera.

Jadeamos, sudor pegajoso, olor a corrida y coño follado invadiendo la cabina. Se levanta primero, se arregla el traje impecable, me pasa una toalla húmeda de hilo egipcio. ‘Vístete, preciosa, la cena espera arriba’. Yo sonrío, ajusto falda y maquillaje en el espejo dorado, piernas temblando aún. Subimos, copas de champán en mano, charlando de mercados como si nada. Sus ojos me guiñan, secreto nuestro, élite pura. Nadie sospecha la follada brutal de hace minutos. Adrenalina total, poder y placer exclusivo. ¿Vuelvo? Claro, por más.

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