Acabo de bajar del yate privado del club exclusivo en Ibiza. Dios, aún me tiemblan las piernas. Soy Carmen, treintañera, experta en fusiones millonarias. Adoro este mundo: el cuero italiano de los asientos, el champagne Dom Pérignon que sabe a burbujas de oro, la brisa salada mezclada con colonia cara. Hoy, Luis, el heredero de 25 años, me citó para cerrar un contrato de 50 millones. Joven, arrogante, con ojos que queman.
Estábamos en la cubierta VIP, rodeados de contratos sobre la mesa de mármol. Él en traje a medida, yo en vestido de seda negra que se pega a mis curvas. ‘Carmen, si firmo esto hoy, ¿me das una recompensa que valga la pena?’, dice con sonrisa diabólica. Hago como que pienso, tiro del escote, noto su mirada clavada en mis tetas. ‘¿Qué te hace ilusión, Luis?’. Los otros ejecutivos se ríen bajito. ‘Algo exclusivo, como tú’. El aire se carga, eh… sus dedos rozan los míos al pasar las páginas. Olor a su piel, madera y mar. Mi coño palpita ya.
Tensión en la cubierta de lujo
‘Hecho. Si firmas, este mediodía es tuyo’. Firma con pluma Montblanc, los ojos fijos en mí. Los demás se van, ‘buen trabajo’. Nos quedamos solos. ‘Ven, la cabina principal es privada’. Me coge la mano, piel fresca, fuerte. Bajo las escaleras, falda subiendo por muslos, él detrás, siento su aliento en mi cuello. Puerta cierra con clic. Espacio íntimo: cama king size, sábanas de hilo egipcio, luces tenues. ‘Carmen, quiero gustarte’. Dudas mías, ‘Luis, esto es… riesgoso’. Pero su boca ya en mi cuello, manos en cintura.
Me besa, lengua suave, sabe a champagne. Desabrocha mi vestido, cae al suelo. Quedo en lencería de encaje. ‘Joder, qué tetas’. Las aprieta, pezones duros como piedras. Gimo, ‘espera…’. Pero no. Baja mi tanga, dedo en mi raja húmeda. ‘Estás empapada, puta cachonda’. Me tumba en la cama, cuero cruje bajo nosotros. Separo piernas, él se quita pantalón. Polla enorme, venosa, tiesa. ‘Chúpamela, Carmen’. Me arrodillo, olor a macho puro. La meto en boca, lengua en el capullo, saliva chorreando. Él gime, ‘sí, así, tragátela’. La empujo hasta garganta, bolas en mi barbilla.
Explosión de placer en la cabina privada
Me come el coño ahora, lengua en clítoris, dedos follando mi agujero. ‘¡Ah, joder, Luis!’. Me corro rápido, jugos en su cara. Se pone encima, polla en mi entrada. ‘Dime que sí, déjame follarte’. ‘Sí, métemela toda’. Empuja, llena mi coño hasta el fondo. Ritmo brutal, tetas rebotando, piel sudada. ‘¡Fóllame fuerte, cabrón!’. Me da cachetadas suaves en culo, pellizca pezones. Cambio posición, yo encima, cabalgo su verga, clítoris frotando. Él aprieta mis nalgas, dedo en mi culo. ‘¡Me vengo, ahhh!’. Chorros dentro, semen caliente mezclándose con mis fluidos.
Jadea, sale, me besa con lengua sucia. Limpio su polla con boca, tragando restos. Se viste, yo también, espejo muestra mi pelo revuelto, labios hinchados. ‘Nadie sabrá, nuestro secreto élite’. Subimos a cubierta, champagne en mano, risas con los VIP. Él firma otro papel, yo sonrío profesional. Adentro, mi coño palpita aún. Quiere más esta noche. Y yo… sí.