Ay, amor, aún tiemblo al recordarlo. Fue en el yate de Jorge, ese tiburón de las finanzas, anclado en las aguas cristalinas de Ibiza. Todo olía a lujo: cuero italiano de los asientos, sal marina mezclada con el perfume caro de los invitados. Mi marido Javier y yo acabábamos de firmar un contrato gordo, millones en la mesa de caoba pulida. Champán Dom Pérignon burbujeando en copas de cristal, frío en los labios, dulce como un beso prohibido.
Jorge nos miró con esos ojos depredadores. ‘Sofía, qué vestido tan… provocador’, dijo, su voz grave rozando mi piel. Llevaba un modelito de seda negra, corto, ceñido, sin nada debajo. Sentía la brisa en mis pezones endurecidos. Javier fingía revisar los dossiers, pero lo pillé mirándome las piernas cruzadas. La tensión subía como la marea. Manos que se rozaban al pasar las carpetas, miradas que prometían más. ‘¿Lista para celebrar de verdad?’, murmuró Jorge, guiñándome. Mi coño ya palpitaba.
La tensión en la cubierta VIP
Nos llevó a su suite VIP, apartada de la fiesta. Puerta blindada que se cerró con un clic suave. Espacio privado, luces tenues, cama king size con sábanas de satén egipcio. ‘Aquí no hay contratos, solo placer’, dijo. Javier se sentó en el sillón de cuero, expectante. Yo dudé un segundo… ‘¿Estás segura?’, me susurró mi marido. Asentí, el corazón latiéndome fuerte.
Jorge me ordenó: ‘Desnúdate, puta. Muéstrame lo que escondes’. Obedecí, la seda resbalando por mi piel, pezones duros al aire. Él sacó un collar de cuero con cadenas que rozaban mis tetas. ‘De rodillas’. Me arrodillé, olor a su colonia cara invadiendo mis fosas nasales. Sacó su polla enorme, venosa, ya tiesa. ‘Chúpala’. La tomé en la boca, salada, gruesa, empujando hasta la garganta. Glups húmedos, saliva chorreando. Javier gemía bajito, tocándose por encima del pantalón.
El clímax prohibido en la suite privada
Me puso a cuatro patas sobre la cama, culo en pompa. ‘Tu maridito mira cómo te abro el culo’. Lubriqué su verga con mi lengua, luego escupió en mi ano. Empujó despacio… ay, duele al principio, pero rico. ‘¡Joder, qué estrecho!’, gruñó. Entró centímetro a centímetro, estirándome, follándome el culo con embestidas brutales. Mis tetas botando, cadenas tintineando. ‘¡Más fuerte, Maître!’, supliqué, perdida. Mi coño chorreaba, me metí dedos, masturbándome mientras él me taladraba. Javier se acercó, ‘Eres mi zorra, Sofía’. Me corrió en la boca su leche caliente, espesa, mientras Jorge me llenaba el culo de porra, caliente, rebosando.
Exploté en un orgasmo que me dejó temblando, couinements ahogados contra las sábanas. Sudor, semen, champán derramado… todo mezclado.
Minutos después, volvimos a cubierta. Vestida de nuevo, sonrisa impecable, brindando con los VIP. ‘Contrato cerrado, ¿eh?’, dijo Jorge, guiño cómplice. Javier me apretó la mano, secreto compartido. Nadie sospechó. Apariencias intactas, pero mi culo aún ardía, recordándonos el vicio elite. ¿Repetimos pronto?