Ay, chicas, acabo de bajar de ese yate privado en Ibiza, el corazón aún me late fuerte. Mi novio y yo, él un pez gordo en finanzas, invitamos a otra pareja VIP que conocimos online. Ella, una rubia despampanante llamada Ana, ojos verdes que hipnotizan, labios carnosos pintados de rojo intenso. Él, Marco, alto, con esa aura de poder. Yo me puse mi vestido negro de seda, ceñido, escote profundo que deja ver mis tetas 95D, lencería de encaje negro, ligueros y medias con costura, tacones Louboutin que crujen en la cubierta de teca.
Llegamos al atardecer, el yate brilla bajo luces LED, olor a sal marina mezclado con cuero nuevo de los asientos. Champagne Dom Pérignon en copas frías, burbujas que pinchan la lengua. Hablamos de contratos, fusiones millonarias, dossiers sobre la mesa de cristal. Pero los ojos… uf, los ojos de Ana no paran de mirarme las piernas, cruzadas, la falda subiéndose un poco. ‘Qué piel tan suave’, murmura, rozando mi mano con la suya, uñas rojas perfectas. Mi novio y Marco charlan de jets privados, pero yo siento el calor subiendo, pezones endureciéndose bajo la seda. Hesito, sonrío, ‘¿Seguro que solo negocios?’, digo juguetona. El aire se carga, como antes de una tormenta.
La tensión sube en el yate de lujo
De repente, Marco cierra el dossier. ‘Vayamos abajo, al camarote VIP’. Bajamos, puerta se cierra, privacidad total. Luces tenues, cama king size con sábanas de satén. Ana se acerca, su perfume Chanel invade, caro, adictivo. Toma mi mano, la besa en la palma, ‘Hace tiempo que quiero probarte’. Mi aliento se acelera, la dejo. Nuestras bocas se juntan, beso suave al principio, lenguas explorando, sabor a champagne dulce. Manos por todos lados, la suya en mi culo, apretando carne bajo el tanga.
Mi novio y Marco nos miran, pollas ya duras bajo pantalones. ‘Quítate el vestido’, me ordena Ana, voz ronca. Lo hago despacio, tetas saltan libres del sujetador. Ella las chupa, muerde pezones, ‘Joder, qué ricas’. Yo gimo, ‘Sí, chúpamelas más’. Bajo su falda, coño depilado, húmedo, lo acaricio, clítoris hinchado. ‘Fóllame con los dedos’, suplica. Meto dos, la follo fuerte, ella jadea. Mi novio saca su polla gruesa, yo la cojo, la mamo profunda, saliva chorreando. Marco folla a Ana por detrás, palmadas en el culo.
El clímax brutal y el regreso a la élite
Me pongo a cuatro, mi novio me abre el coño, entra de un empujón, ‘Qué apretada estás, puta’. Bombeo contra él, tetas balanceándose. Ana debajo, lamiéndome el clítoris mientras me follan, lengua experta. ‘Me corro, joder’, grito, orgasmo brutal, jugos por su cara. Cambio, chupo la polla de Marco, grande, venosa, garganta profunda hasta las arcadas. ‘Trágatela toda’, gruñe. Mi novio me pone en levrette, me escupe el culo, mete polla despacio. ‘¡Sí, encula a tu zorra!’, anal intenso, duele placer, entro y salgo.
Ana trae mis tacones, ‘Lámpele los pies, sé que le flipa’. Mi novio babea mis dedos pintados de rojo, lengua entre ellos mientras me folla el culo. Marco me la mete en boca, follo garganta. ‘Voy a correrme’, dice, leche caliente en mi boca, trago todo, resto en tetas. Mi novio eyacula dentro, llenándome el culo, chorros calientes. Ana se corre masturbándose, viendo todo.
Sudados, exhaustos, subimos a cubierta. Copas de nuevo, trajes puestos, hablamos de yates como si nada. Miradas cómplices, secreto de élite. ‘Hasta la próxima fusión’, guiña Ana. Bajamos al jet, sonrisa en labios, coño aún palpitando. Qué noche, pur adrenaline y lujo sucio.