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Mi Noche Prohibida en el Yate Privado del Magnate

Ay, chicas, acabo de volver de ese yate privado en Marbella… aún siento el salitre en la piel y el olor a cuero caro pegado a mi pelo. Era viernes noche, invitada por Carlos, el magnate ese de 45 años, ojos oscuros que te desnudan sin tocarte. Su yate, el ‘Aurora’, puro lujo: mármol blanco, sofás de piel italiana que crujen suavecito, champán Dom Pérignon helado en copas de cristal que tintinean.

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Estábamos en el salón principal, rodeados de su equipo. Dossiers abiertos sobre la mesa de caoba, contratos millonarios por firmar. Yo, con mi vestido de seda negra ceñido, escote que deja ver justo lo suficiente, sentada al lado de él. ‘Lucía, pasa la página 47’, me dice, su voz grave rozándome el oído. Nuestros ojos se cruzan… uff, esa mirada. Sus dedos rozan los míos al tomar el bolígrafo, electricidad pura. Huele a colonia cara, madera de sándalo y poder. El aire acondicionado fresco eriza mis pezones bajo la seda, y él lo nota, sonríe de lado. ‘¿Todo bien?’, pregunta bajito, mientras los asesores parlotean de cifras. ‘Sí… perfecto’, susurro, mordiéndome el labio, cruzando las piernas para apretar ese calor que ya sube.

La Tensión en el Salón VIP

La tensión crece con cada firma. Champán burbujeante en mi garganta, dulce y frío, me hace jadear un poquito. Sus rodillas se tocan bajo la mesa, deliberado. ‘Necesitamos revisar esto a solas’, dice de repente, despidiendo al equipo con un gesto. Se van, puerta cierra con clic suave. Ahora solos en ese espacio VIP que se vuelve nuestro nido privado. Me empuja contra la pared de cristal, vista al mar negro. ‘Te deseo desde que subiste’, gruñe, manos en mi culo, apretando fuerte la seda.

Su boca devora la mía, lengua invasora, gusto a champán y macho. Baja el vestido, pechos libres, chupa un pezón… ay, duele rico. ‘Joder, qué tetas tan perfectas’, dice, mordiendo. Le arranco la camisa, torso duro, vello que raspa mis uñas. Caemos en el sofá de cuero, crujido húmedo ya. Le bajo los pantalones, su polla salta, gruesa, venosa, cabeza brillante de precum. ‘Chúpamela, puta’, ordena, y obedezco, boca llena, gimiendo mientras la trago hasta la garganta, babas chorreando. Él gime ‘Sí, así, zorra…’. Me pone a cuatro, nalgas al aire, olor a mar y sexo. ‘Mira ese coño mojado’, dice, dedos abriendo mis labios, clítoris hinchado palpitando. Me lame el culo, lengua en el ano, uff… luego mete dos dedos en mi chocho, chapoteo obsceno.

El Éxtasis Brutal y el Regreso al Juego

‘Voy a follarte como una perra’, avisa, y empuja su verga de un golpe, llenándome hasta el fondo. Grito ‘¡Sí, más duro!’. Polla entra-sale brutal, bolas golpeando mi clítoris, sofá rechina. Me agarra el pelo, tiro hacia atrás, folla sin piedad. ‘Tu coño aprieta como puta profesional’, jadea. Cambio posición, yo encima, cabalgo salvaje, tetas botando, sudor goteando. ‘Córrete dentro, lléname’, suplico. Él acelera, gruñe, chorro caliente inunda mi útero, yo exploto, squirt empapando cuero, piernas temblando, orgasmos en cadena.

Minutos después, nos recomponemos. Él ajusta corbata, yo subo vestido, peine rápido pelo revuelto. Champán nuevo, brindamos por ‘los negocios’. Sonrisas cómplices, secretito elite. Susurra ‘Otra vez en mi suite, pero ahora, étiquette’. Bajo del yate, piernas flojas, sonrisa de reina. Ese poder, ese lujo… adictivo.

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