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Mi Noche Prohibida con el Magnate en el Yate Privado

¡Ay, chicos, aún me tiemblan las piernas! Soy Carmen, de Madrid, y os cuento esto fresquito, como si acabara de pasar. Anoche, en el yate privado de ese cabrón millonario, Hank. Un editor ruso con pasta hasta el techo, viejo pero… uf, qué cuerpo. Baraquísimo, tatuajes bajo la camisa de seda, olor a colonia cara y whisky añejo. Estábamos en la suite VIP, flotando en el Mediterráneo, el sol poniéndose como fuego naranja.

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Papeles por todos lados. Contratos para mi libro erótico, el que escribí a pelo, sin filtros. Él, con sus gafas de sol, revisando cláusulas. ‘Carmen, esto es oro puro… pero firma aquí’, dice, su voz ronca, mientras su rodilla roza la mía bajo la mesa de caoba. El cuero de los asientos cruje suave, huele a sal marina y su sudor masculino. Yo, con mi vestido negro ajustado, notando cómo mis pezones se endurecen. Le miro fijo, mordiéndome el labio. ‘¿Seguro que solo contratos, Hank?’ Sus ojos bajan a mi escote, dilatados. Champán Dom Pérignon en la copa, burbujas picando en la lengua, dulce y frío.

La tensión en la suite VIP del yate

La tensión sube. Él se acerca, su mano grande sobre el dossier, dedos rozando los míos. ‘Eres fuego, puta española’, murmura, aliento caliente en mi cuello. El yate se mece suave, olas lamiendo el casco. ‘¿Quieres el trato? Demuéstrame que vales’. Yo río bajito, eh… nerviosa pero cachonda perdida. Le quito la copa, bebo un trago, y le paso la lengua por los labios. El espacio se cierra. Los marineros desaparecen, puerta corrida. Ahora es nuestro. Privado. Exclusivo.

De repente, me agarra del pelo, tira hacia atrás. ‘A cuatro patas, zorra’. Obedezco en el sofá de piel, coño ya empapado, braguita de encaje hecha trizas. Él se baja los pantalones, ¡joder, qué polla! Gruesa, venosa, cabezona roja, goteando precum. Huele a macho puro. Me escupe en el culo, dedos hurgando mi ano. ‘Te voy a follar como a una perra de lujo’. Empuja, entra de golpe en mi coño. ¡Aaaah! Duele y mola, estirándome hasta el fondo. Golpes secos, huevos chocando contra mi clítoris. ‘¡Más fuerte, cabrón!’, grito, uñas clavadas en el cuero.

El clímax brutal y el regreso al lujo

Me da la vuelta, piernas en alto, polla resbalando dentro, chorreando mis jugos. Chupa mis tetas, muerde pezones duros como piedras. ‘Sabe a champagne tu leche’, gruñe. Yo le araño la espalda, ‘¡Córrete dentro, lléname de lechaza!’. Acelera, sudando, venas del cuello hinchadas. Siento su polla palpitar, chorros calientes inundándome el útero. Yo exploto, coño contrayéndose, squirt salpicando el suelo de mármol. Gime como animal, ‘¡Toma, puta VIP!’.

Minutos después, jadeando, él se sube los pantalones. Yo me limpio con una toalla de hilo egipcio, suave como seda. ‘Contrato firmado, Carmen. Eres mía ahora’. Sonrisa pícara, como si nada. Champán de nuevo, brindamos por el ‘negocio’. Marineros entran, sirviendo caviar. Apariencias intactas. Él guiña ojo, secreto de élite. Yo bajo del yate, piernas flojas, coño palpitando con su semen. Adrenalina pura. Poder, lujo, placer crudo. ¿Volverá a pasar? Umm… quién sabe. Pero joder, qué vicio.

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