Ay, chicas, acabo de bajar del yate privado de ese magnate ruso, ¿sabéis? Todo empezó en ese club exclusivo de Marbella, pero el verdadero fuego fue en su juguete flotante, anclado frente a Formentera. Cuero italiano en los sofás, que huele a rico, a poder. Champán Dom Pérignon helado, burbujas que pinchan la lengua como promesas sucias. Yo era la anfitriona VIP, contratada para entretener a la familia mientras él cazaba ciervos en la isla privada. Su esposa, Val, una rubia de curvas asesinas, unos cuarenta pero con tetas firmes como melones maduros. Y su hijastra, Lise, rusa pura, pelirroja firecracker de veintipocos, culo redondo que pide guerra.
Nos reunimos en la suite principal, dossiers de contratos sobre la mesa de mármol: safaris exclusivos, vinos de bodegas secretas. Ella hojea los papeles, yo explico, pero sus ojos… uf, me comen. ‘¿Y si firmamos aquí?’, dice Val, rozando mi mano con la suya, uñas rojas como sangre. Lise se acerca, perfume caro, jazmín y sexo. ‘Mamá, este yate es nuestro palacio… hagamoslo privado’. Cierro la puerta blindada, tiro el cerrojo. El aire se espesa, olor a sal marina mezclado con su excitación. Champán en copa de cristal, sorbo lento, gota que cae por su escote de seda negra.
La tensión sube en la suite VIP
De repente, Val me besa, labios carnosos, lengua que invade. ‘Eres nuestra ahora’, susurra. Lise me arranca la blusa, tetas al aire, pezones duros. Nos tiramos en el sofá de cuero crujiente. Le bajo las bragas a Val: coño depilado, labios hinchados, mojado ya. ‘Lámeme, puta española’, gime. Le meto la lengua, saboreo su melaza salada, chupo el clítoris como un caramelo. Lise se quita todo, pelirroja natural, mata de pelusilla roja. Me monta la cara: ‘¡Come mi coño, zorra!’. Huele a deseo puro, fuerte, adictivo. Le meto dos dedos, la follo rápido, ella chorrea en mi boca.
El clímax brutal y el regreso al lujo discreto
Val agarra mi polla… espera, no, yo soy chica, pero con strapon de lujo que traigo siempre. No, chicas, soy yo la que las domina. Saco mi juguetito negro, grueso, vibra. ‘Abre las piernas, perra’. La penetro a Val en misionero, polla falsa hundiéndose en su coño chorreante, chapotea. ‘¡Más fuerte, joder!’. Lise se une, levretita: le abro el culo, lubricado con aceite de trufa, entra de golpe. ‘¡Aaaah, me rompes el ojete!’. Cambio, follo a Lise el coño mientras Val le lame el ano. Gemidos, sudor, cuero pegajoso. Ellas se comen mutuo, lenguas en coños abiertos, yo las empalo alternas. Corro en sus caras, ellas beben mi squirt como champagne. Seis veces, pollas de goma brillando de jugos, anos dilatados, coños rojos e hinchados.
Agotadas, duchas calientes, jabón que huele a vainilla. Vestidos de diseño, maquillaje perfecto. Bajamos a cenar con el viejo. Él presume trofeos de caza, chevrotaines exóticos. ‘¿Qué tal vuestras clases de yoga?’, pregunta. Val sonríe: ‘Pierre nos abrió horizontes nuevos, mecanismos impresionantes’. Lise aprieta mi muslo bajo la mesa: ‘Frutos locales deliciosos, miel salvaje’. Brindamos, copas tintinean. Nuestro secreto elite, miradas cómplices. Él nunca sabrá que su yate olió a corrida y placer prohibido. Mañana, vuelvo por más. ¿Quién se apunta?