Ay, chicas, aún huelo el cuero caro de los asientos del yate. Era en Ibiza, uno de esos cacharros privados que solo alquila la jet set. Yo, con mi vestido de seda negra pegado al cuerpo, tacones Louboutin que crujían en la madera pulida. Champagne Dom Pérignon, burbujas frías en la lengua, salado como el mar. Él, Pablo, el heredero de 20 años, tímido pero con ojos que devoraban. Hablábamos de contratos, inversiones en criptos, papeles sobre la mesa de cristal. Pero sus miradas… uf, se clavaban en mis tetas, bajaban a mis piernas cruzadas.
‘¿Seguro que entiendes esto, Pablo?’, le digo, rozando su mano con la mía. Él tartamudea, ‘S-sí, Alice… quiero decir, eh, sí’. Sudor en su cuello, olor a colonia cara mezclada con nervios. Yo sonrío, bebo un sorbo, el cristal helado contra mis labios. La cubierta vibraba con música lounge baja, gente VIP charlando lejos. Le pongo la mano en el muslo, bajo el cuero de su pantalón. ‘Ven, vamos a revisar esto en privado’, susurro. Nos levantamos, él me sigue como perrito. El camarote abajo, puerta que se cierra con clic suave. Luces tenues, cama king size con sábanas de satén, aire acondicionado con aroma a vainilla.
La Tensión en la Cubierta de Lujo
Ya dentro, lo empujo contra la pared. ‘Sé que eres virgen, ¿verdad? No mientas’. Se pone rojo, asiente. ‘Quiero ser yo tu primera’, digo, mordiéndome el labio. Le bajo la cremallera, su polla salta dura como piedra, venosa, goteando ya. ‘Joder, qué polla más bonita’, murmuro. La agarro, piel caliente, pulso rápido. Él gime, ‘Alice… por favor…’. Me arrodillo, olor a macho joven, limpio. La chupo despacio, lengua alrededor del glande, saliva chorreando. ‘Mmm, sabe a ti’, digo, metiéndomela hasta la garganta. Él agarra mi pelo, ‘¡Dios!’. Lo empujo a la cama, me quito el vestido, tanga roja empapada. Me subo encima, coño rasurado rozando su polla. ‘Te voy a follar hasta que grites’. Bajo despacio, su polla abriendo mi coño, apretado, lleno. ‘¡Ahhh!’, gime él. Yo cabalgo, tetas rebotando, clítoris frotando su pubis. Sudor nos pega, sábanas arrugadas. ‘Más fuerte, cabrón’, le digo. Él empuja arriba, polla golpeando fondo, ‘¡Sí, fóllame!’. Cambio, perra a cuatro, él detrás, manos en mis caderas. Me azota el culo, rojo, ‘¡Toma, puta!’. Entra brutal, bolas chocando, coño chorreando jugos por sus muslos. ‘Me corro… ¡Alice!’, grita. Siento su leche caliente llenándome, yo exploto, temblores, ‘¡Sí, dámelo todo!’.
Jadeamos, cuerpos pegados, olor a sexo y Chanel. Me visto rápido, satén suave en piel sudada. ‘Arriba, como si nada’, digo, guiñando. Salimos, champagne en mano. Él sonríe, cambiado, secreto en ojos. Nadie nota, volvemos a contratos, risas falsas. Pero su mirada dice: ‘Gracias por esta noche élite’. Yo bebo, saboreo su semen fantasma en boca. Privilegio puro, adrenalina de poder.