Ay, chicas, acabo de bajar de ese yate… Aún siento el vaivén del mar en mis caderas. Soy Ana, de un pueblo perdido en Andalucía, con vida de curro en curro. Mi primo Ricardo, el pijo con pasta, me invitó a su yate privado en Ibiza. ‘Ven, firma unos contratos, te monto en mi equipo como asistente’, me dijo. Yo, ilusionada, subí vestida con un trajecito negro ceñido que me prestó una amiga, tacones altos que me mataban.
El yate era puro lujo: cubierta de teca reluciente, sofás de cuero blanco que olían a nuevo, botella de Dom Pérignon enfriándose en hielo. Ricardo, 28 años, traje impecable, sonrisa de tiburón. A su lado, Sofía, su rollo fijo, morena tetona con minivestido rojo que dejaba ver el tanga. ‘Siéntate, prima’, me dice él, pasándome una copa. Burbujas frías en la lengua, dulzor con toque ácido. Revisamos papeles: contratos de su nueva empresa de importaciones. Sus ojos azules clavados en mí, bajando a mis tetas. ‘¿Estás cómoda?’, pregunta, rozando mi rodilla con la suya. Yo, nerviosa, ‘S-sí, primo… pero esto es… impresionante’. Sofía ríe bajito, cruza las piernas, su falda sube, muestra muslo bronceado.
La tensión en la cubierta de lujo
La tensión sube como la marea. Manos que se tocan al pasar folios, su aliento cálido en mi cuello cuando se acerca a explicar cláusulas. ‘Firma aquí, Ana… justo donde yo quiero’. Su voz ronca, mi coño ya humedece la braguita de encaje que me regaló Sofía antes. Olor a sal marina mezclado con su colonia cara, cuero caliente bajo mis nalgas. Ella me mira, lamiéndose los labios. ‘¿Nerviosa, guapa? Relájate’. El sol se pone, rosas en el cielo, y Ricardo cierra la puerta de la suite VIP abajo. ‘Aquí estamos solos, familia… y algo más’.
Bajamos, espacio privado: cama king size con sábanas de seda negra, jacuzzi burbujeante. Ricardo me empuja suave contra la pared, besa mi cuello. ‘Joder, prima, estás para follarte ya’. Sofía se pega por detrás, manos en mis tetas, pellizca pezones duros. ‘Mira qué rica… déjame probar’. Yo gimo, ‘P-primo… ¿estás seguro?’. Él baja mi cremallera, vestido cae, quedo en tanga y sujetador. ‘Quítatelo todo’, ordena. Sofía me lame la oreja, dedo en mi culo. Desnuda, polla de Ricardo sale tiesa, 20 cm venosos, gota precúm en la punta. ‘Chúpala, Ana’. Me arrodillo, boca llena, sabor salado-musgoso, lengua en el glande. Sofía se quita el vestido, coño afeitado con piercing, se sienta en mi cara. ‘Lámeme, puta novata’.
El clímax brutal en la suite privada
Mi lengua en su clítoris hinchado, jugos dulces en mi barbilla. Ricardo me folla la boca, ‘Trágatela entera, prima’. Ella grita, ‘¡Sí, joder, chúpame el coño!’. Me tumban en la cama, seda fría en la espalda sudada. Ricardo lame mi coño virgen, ‘Estás chorreando, zorra’. Dedos dentro, roza himen. Sofía monta mi cara, frota coño en mi boca. Yo corro orgasmo, ‘¡Aaaah!’. Él pone condón, empuja polla en mi entrada. Duele un segundo, luego placer brutal. ‘¡Fóllame fuerte!’, suplico. Entra hasta cojones, me parte en dos. Sofía besa mis tetas, muerde pezones. Cambio: él folla a Sofía a cuatro patas, yo lamo sus huevos colgantes. ‘¡Córrete dentro!’, grita ella. Él saca, leche caliente en mi cara y tetas. Compartimos, beso con Sofía, esperma en lenguas.
Luego, él en mi culo, lubricante frío, despacio… ‘¡Joder, qué prieta!’. Dolor-placer, grito. Sofía con dildo en mi coño, doble penetración. Orgasmo tras orgasmo, sudor, olores a sexo y mar. Él eyacula en mi boca, trago todo.
Arriba otra vez, vestidos impecables. Copas en mano, ‘Brindis por los contratos firmados’. Miradas cómplices, sonrisa de Ricardo. ‘Nuestro secreto de élite, prima’. Bajé del yate temblando, coño adolorido pero feliz. Vida VIP… adictiva.