Acabo de bajar de ese jet privado, joder, aún me tiemblan las piernas. Íbamos cuatro: él, el jefazo multimillonario, su puta favorita de siempre, yo y mi amiga Lola. Rumbo a su isla en Ibiza, champán Dom Pérignon enfriándose en cubiteras de cristal, olor a cuero nuevo y su perfume caro impregnando todo. Asientos de piel italiana, suaves como caricias, y yo con mi vestido de seda roja ceñido al cuerpo, falda cortita que subía sola con el aire acondicionado.
Al principio, todo formal. Él revisando contratos en su iPad, papeles de yates y hoteles que valen millones. Sus ojos grises me clavaban miradas que quemaban. ‘Carmen, ¿qué opinas de este deal?’, me dice, voz grave, mientras su favorita, esa rubia tetona llamada Vanessa, sorbe su copa despacio. Lola, al lado mío, nerviosa, mordiéndose el labio, con sus tetitas firmes asomando por el escote. Yo sentía la tensión, el aire espeso. Él cruza las piernas, su paquete abultado en los pantalones de Armani. Vanessa sonríe pícara, sabe el juego.
El Despegue Caliente en el Cielo del Lujo
De repente, él pulsa un botón. Los mamparas se cierran con un zumbido suave, luces bajan a penumbra rosada. ‘Ahora sí, privacidad total’, murmura. El jet ronronea a 10.000 metros, nadie nos molesta. Sus dedos rozan mi rodilla, suben lento por la piel desnuda. ‘Muéstrame lo que escondes, preciosa’, ordena bajito. Mi coño ya palpita, húmedo bajo las bragas de encaje. Lola jadea, mirándonos con ojos grandes.
Empiezo a subir la falda, despacio, temblando un poco. Mis muslos blancos salen a la luz, olor a mi excitación mezclándose con el cuero. Él usa su bastón de mando, ese cacharro de plata, para separar mis rodillas. ‘Más abierto, Carmen’. Joder, obedezco. Mi coño pelirrojo aparece, labios hinchados, clítoris grande y tieso asomando como un mini polla. ‘¡Hostia, qué joya!’, exclama él, riendo suave. Mis dedos bajan, toco mi botón, lo aprieto. Froto arriba abajo, crudo, saliva en la boca. Lola se acerca a él, mano en su muslo.
Vanessa se despierta del todo, o finge, y ajusta las cortinas. Un rayo de luz ilumina mi raja mojada, jugos blancos goteando al asiento de piel. ‘Sigue, puta, mastúrbate para él’, me susurra ella, acariciándome el pelo. Acelero, dedos en el capuchon hinchado, meto uno en el agujero chorreante. Gimo bajito, ‘Ah… jefe… me corro ya…’. Cuerpo arqueado, pies en tacones puntiagudos flotando, coño contrayéndose, squirteando un chorrito tibio.
El Polvo Brutal en Pleno Vuelo
Lola ya tiene su polla fuera. ¡Madre mía, qué verga! Gruesa, venosa, cabeza morada goteando precum. ‘No mintieron, cabrona’, dice ella, masturbándola con las dos manos, base peluda apretada, huevos pesados rodando en su palma. Él gime, ‘Buena chica’. Yo, aún jadeando, miro hipnotizada cómo sube y baja la piel, brillando. Vanessa me empuja la cabeza: ‘Chúpala, Carmen’. Me arrodillo entre sus piernas, boca abierta, engullo esa oliva carnosa. Sabor salado, venas pulsando en mi lengua.
Él agarra mi nuca, folla mi boca suave al principio, luego más hondo. ‘Trágatela toda’. Lola lame sus huevos, Vanessa besa su cuello. Siento los calambres venir: polla hinchándose, chorros calientes salpicando mi garganta. Sal, espeso, tragándolo todo, labios sellados en la base. Él ruge, ‘¡Joder, sí!’. Cuerpo tenso, descargando hasta vaciarse. Yo lamo limpio, lengua en pliegues sudorosos.
Nos reímos después, los cuatro, como locos. ‘¡Qué vuelo, coño!’, dice él, pantalón subido ya. Vanessa sirve más champán, burbujas frías en cristal tallado. Hablamos de yates y fiestas como si nada, pero las miradas… ese secreto elite nos une. Bajamos en Ibiza, piernas flojas, sonrisas cómplices. Lujo puro, placer exclusivo. Aún huelo a sexo en mi piel.