Ay, chicas, acabo de bajar del yate privado del duque Albert, ese escocés con título y fortuna que me tiene loca. Todo empezó en su cubierta de caoba pulida, oliendo a cuero nuevo y sal marina. Estábamos firmando contratos millonarios, yo como su asesora exclusiva, él con sus socios: Nicolas, el francés dominante, y Charles, el conde juguetón. Miradas cruzadas sobre los dossiers, eh… sus ojos devorándome el escote de mi vestido de seda italiana. ‘Roxana, firma aquí’, me dice Albert con voz grave, su mano rozando la mía. Siento el calor subir, mis pezones endureciéndose bajo la tela fina.
El champagne Dom Pérignon burbujea en copas de cristal, gusto ácido y dulce en la lengua. Nicolas me guiña un ojo, ‘Esta noche, el yate es nuestro’. Charles ríe, ‘Privado total, sin tripulación’. La tensión es eléctrica, piernas cruzadas apretando mi coño ya húmedo. Albert cierra el maletín: ‘Basta de negocios. Vamos abajo’. El espacio VIP se cierra: puerta blindada, luces tenues, olor a cuero y cera de vela. Ya no hay contratos, solo deseo crudo.
La tensión en la cubierta VIP
Me atan al pilori de madera noble, wrists y ankles fijos, culo expuesto. ‘Desnúdala’, ordena Nicolas. Seda rasgándose, aire fresco en mi piel desnuda. Primer azote del martinete en las nalgas, fuego ardiente. ‘¡Ahh!’, grito. Charles en los tetones, Philibert –otro socio– en el coño. ‘Qué ricas tetas, duras ya’, murmura Charles pellizcando pezones. Nicolas cambia a paddle, golpes rítmicos en el culo, ‘Ríndete, puta’. Duele delicioso, lagrimeo, pero mi clítoris palpita.
‘Para’, dice Nicolas, se arrodilla: ‘Ven conmigo’. Beso en frente, luego cane de bambú. ¡Zas! En el culo, línea de fuego puro. ‘¡No, por favor!’, suplico temblando. Pero él insiste, ‘Confía’. Más golpes, en muslos, tetas. Pinzas en pezones con pesos, tirando, agonía dulce. Me corro sola casi, pero ‘¡No!’. Me follan: Charles en boca, polla gruesa ahogándome, salada. Philibert en culo, embistiendo profundo, ‘Qué apretado tu ojete’. Nicolas frota clítoris con magic wand, ‘Corre para mí, zorra’.
El regreso al champagne como si nada
Exploto en orgasmo brutal, subspace total, flotando en dolor-placer. Me mean encima –pudor máximo–, luego dedos en coño, polla de Nicolas en culo mientras vibro. ‘¡Más, joder!’, gimo. Vienen otra vez, semen caliente en garganta, culo rebosando. Marcas rojas, perfectas, zébradas en muslos y nalgas. Me sueltan temblando, baño caliente, olor a jabón caro.
Subimos a cubierta como reinas. Champagne de nuevo, risas. ‘Gran firma, Roxana’, dice Albert besándome la mano. Nadie menciona el pilori, los gritos, el semen. Solo sonrisas cómplices, secreto elite. Charles: ‘Otro contrato pronto?’. Guiño. Mi coño palpita aún bajo la seda, marcas ocultas. Adrenalina de poder, exclusividad pura. Volvería ya.