Ay, chicas, acabo de volver de esa locura en el club exclusivo de Ibiza. Ese sitio… uf, sofás de cuero negro que huelen a dinero viejo y deseo reprimido. Pedí mi paquete en recepción: mis libros eróticos autoeditados, esos que escribo para desahogarme. La recepcionista, Corina, unos cuarenta y pico, curvas generosas bajo el vestido negro ajustado, me mira con ojos hambrientos. ‘Señora, hay un problema con el contenido’, dice, mordiéndose el labio. Me lleva al lounge VIP, solo miembros. Champán Dom Pérignon en copas frías, burbujas que pican en la lengua, dulce y ácido.
Allí está Brigitte, la jefa, elegante, delgada pero con tetas firmes que tensan la seda de su blusa. Papeles por todos lados: contratos de membresía, sellos dorados, una lámpara UV para verificar firmas invisibles. Se sientan cerca, demasiado. ‘Tus historias nos mojaron el coño esta mañana’, susurra Corina, rozando mi muslo con su falda de seda. Huelo su perfume caro, vainilla y almizcle. Brigitte lee un pasaje en voz baja: ‘La polla dura entra sin piedad…’. Sus miradas se clavan en mí, el aire se espesa. ‘El comité debe decidir si te lo entregamos’, dice Brigitte, cruzando las piernas, dejando ver encaje negro.
La Tensión en el Lounge Privado
De repente, la puerta se cierra con clic metálico. Luz tenue, solo velas y la lámpara UV que brilla en azul. ‘Aquí somos privadas’, murmura Corina, su mano en mi cuello, piel caliente. Yo… dios, mi tanga ya está empapada. El cuero cruje bajo nosotras, frío contra mi piel arrebolada.
Brigitte me besa primero, lengua invasora, sabe a champán. Corina desabrocha mi vestido, tetas al aire, pezones duros como diamantes. ‘Joder, qué ricas’, gime, chupando uno, mordiendo suave. Yo agarro su culo gordo, carne blanda que rebota. ‘Quítate todo’, le ordeno, voz ronca. Se desnuda, coño rasurado brillando, labios hinchados. Brigitte se arrodilla, lame mis muslos, sube lento. ‘Huele a puta cachonda’, dice, metiendo lengua en mi raja. Gimo fuerte, clavo uñas en el cuero.
La empujo a la mesa de cristal, contratos volando. Le abro las piernas, coño chorreando miel. ‘Fóllame con los dedos’, suplica. Meto dos, luego tres, chapoteo obsceno, pulgar en su clítoris hinchado. Ella grita: ‘¡Sí, así, cabrona!’. Corina trae el sello dorado del club, enorme mango negro. ‘Úsalo’, pide Brigitte. Lo empujo en su coño, despacio, estira sus labios rosados. Entra entero, la follo duro, salpica jugos en la mesa. ‘¡Me corro, joder!’, aúlla, cuerpo temblando, tetas botando.
El Orgasmo Brutal y el Secreto Elite
Yo no aguanto. Brigitte me tumba en el sofá, cara en mi coño. Lame voraz, chupa clítoris, mete lengua profunda. Corina se sienta en mi cara, coño jugoso en mi boca. La como, saboreo su sal, muevo cadera contra su culo. ‘Traga mi lefa’, ordena. Yo lamo más fuerte, dedos en su ano apretado. De pronto, Corina traé la lámpara UV, la enciende sobre nosotras. Nuestros jugos brillan fluorescentes, como tinta secreta. ‘Mira cómo brillas de guarra’, ríe.
Cambio: Brigitte abre mi coño con dedos, mete el sello en mí. Duele rico, lleno mi vientre. Corina me besa, dedos en mi culo. ‘Corre para nosotras’, mandan. Exploto, chorro caliente salpica sus caras, piernas flojas, grito ahogado en el cuero.
Minutos después, jadeos calmados. Se visten rápido, peinadas perfectas. ‘Tus libros son tuyos’, dice Brigitte, sonrisa profesional, entregando el paquete. Corina me da una copa: ‘Brindemos por el secreto’. Salgo al lobby, luces brillantes, como si nada. Solo nosotras sabemos del olor a sexo en el aire VIP, del brillo UV en nuestra piel. Hasta la próxima, putitas de lujo.