You are currently viewing Mi Noche Prohibida en el Yacht Privado de Ella

Mi Noche Prohibida en el Yacht Privado de Ella

Ay, chicas, aún siento el calor en la piel. Todo empezó el sábado pasado en el Mandarin Oriental, ese hotel de lujo en la costa, donde solo entran los que valen millones. Yo, con mi vestido de seda negro ajustado, sin bragas debajo –recién depilada en el spa VIP–. El aroma del cuero de los asientos en el lobby, mezclado con jazmín del incienso… mmm, me ponía ya cachonda.

💸Conviértete en modelo webcamMás del 50 % de los ingresos · Pagos diarios · 60 M de visitas/díaSaber más →

Entré al spa exclusiva, reservada para huéspedes elite. La chica me extendió esa crema calmante en el monte de Venus, sus dedos fríos rozando mi coño liso, recién brasileño. ‘No te pongas ropa interior, déjalo respirar’, me dijo guiñando. Sonreí, friki, y salí así, sintiendo el aire fresco entre las piernas, el roce de la falda contra mis labios hinchados.

El Encuentro en el Spa del Hotel de Lujo

En el bar panorámico, con vistas al mar, la vi: Carla Dumonte, esa viuda tetona de unos 45, dueña de media flota de yates. Pelo castaño largo, curvas perfectas bajo su traje Chanel. Pidió champagne Dom Pérignon, vintage 2008, burbujas que sabe a pecado en la lengua. Nos miramos… uf, sus ojos oscuros me taladraban. ‘¿Negocios?’, preguntó, señalando mi maletín con contratos de inversión en cripto.

Nos sentamos en un rincón VIP, rodeadas de ejecutivos en trajes caros. Olor a cigarros cubanos, pieles bronceadas. Hablamos de dossiers: fusiones, offshore en las Caimán. Pero sus rodillas rozaban las mías bajo la mesa de mármol. ‘Eres audaz, ¿no llevas nada debajo?’, susurró, su aliento a champagne en mi oreja. Mi coño se mojó al instante, gotitas calientes resbalando por los muslos. ‘Pruébalo’, le dije, abriendo un poco las piernas. Su mano subió disimulada, dedo índice rozando mi clítoris… ‘Joder, estás empapada’, jadeó.

La tensión subía como el precio del oro. Firmamos un ‘contrato’ falso en una servilleta, riendo. ‘Ven a mi yate esta noche, amarre privado’, me invitó. Corazón latiendo fuerte, asentí. El espacio VIP del hotel se volvió nuestro preludio.

En el yate, 50 metros de lujo puro: cubierta de teca, jacuzzi burbujeante, olor a sal y Chanel No5. Champagne helado, caviar en cucharas de nácar. Bailamos un slow, su pecho contra el mío, pezones duros pinchando mi seda. ‘Vi tus vídeos… los que enviaste con el mensajero discreto’, confesó, mordiéndose el labio. ‘¿Te pusieron caliente?’. ‘Me corrí tres veces pensando en ti’, admitió, voz ronca.

El Secreto Compartido Tras la Pasión

La llevé a la cabina master, cama king size con sábanas de hilo 1000, luz tenue de cristales Swarovski. Le arranqué el vestido: tetas firmes, pezones rosados duros como diamantes. ‘Chúpamelas’, gemí. Su boca caliente, lengua girando, succionando fuerte… ay, dios. La tumbé, abrí sus muslos: coño depilado, labios gordos brillando de jugos. ‘Lámeme el clítoris, puta’, le ordené. Hundí la cara: sabor salado dulce, olor a mujer excitada. Lengua plana lamiendo su raja, chupando el botón hinchado. ‘¡Más rápido, joder!’, gritó, caderas arqueadas.

Metí dos dedos en su coño apretado, curvándolos al punto G, bombeando duro. Chorros de squirt salpicando mi mano, el cuero de los sofás oliendo a sexo. Ella me giró, 69 feroz: su lengua follando mi agujero, dedos en mi ano virgen. ‘¡Córrete en mi boca!’, rugió. Mi clítoris explotó, orgasmos en cadena, piernas temblando, gritando sin voz.

Exhausta, nos besamos con lenguas pegajosas de fluidos. ‘Eres mi secreto elite’, murmuró.

De vuelta a la cubierta, vestidos impecables, champagne en mano, charlando con invitados como si nada. Miradas cómplices, roces disimulados. Nadie sabe que su coño aún palpita con mis dedos dentro hace minutos. Ese poder, esa exclusividad… adictivo. Volveré por más.

Leave a Reply