Inspiro hondo, el olor a cuero nuevo del yate me invade. Estoy lista. Mis ojos verdes brillan bajo el maquillaje perfecto. Esta minifalda de seda roja abraza mis tetas grandes, mi cintura fina y mis culos redondos. Me paso la mano por el pelo castaño ondulado. Sonrío, excitada. Abro la puerta de la suite VIP y le hago una seña al mayordomo. Toca la campana, y el jaleo de la fiesta en la cubierta principal se calla.
Bajo las escaleras despacio, contoneándome. Suspiros de hombres cachondos, miradas envidiosas de sus putas. Al pie, me rodean como buitres. Sonrío, estrecho manos, pero ya estoy harta. Soy la mujer de Carlos Beltrán, el tío más rico del país. El más soso y cornudo. Pienso en esta noche, en su polvo rápido y baboso. Me estremezco de asco. Necesito distraerme.
La Mirada que Enciende el Fuego en el Yate Exclusivo
Mis ojos recorren la multitud. Dos tipos me clavan la mirada. Altos, musculosos. Uno rubio con ojos avellana, el otro moreno con ojos azules. Sus ojos me queman la piel, siento el coño humedeciéndose. Pido una copa de champán, burbujas frías en la lengua. Pero sigo sintiéndolos. Decido jugar. Camino hacia ellos como una gata en celo.
—Caballeros, no creo haberlos visto antes. ¿Quiénes sois?
—Señora Beltrán, somos los arquitectes del nuevo rascacielos de su marido. Yo soy Pedro Valquez, él Alex Timert. Todo el mundo habla de usted… y ahora vemos por qué. Estáis para comeros.
Rio bajito, el halago me pone. Pedro, el moreno, pone su mano en mi espalda baja, rozando mi culo. Me invita a bailar. Acepto. La música nos envuelve, me pego a él hasta notar su polla dura contra mi vientre. Me mira con fuego, sonrisa lobuna. Tiemblo, sé que me va a follar duro. Alex se une, bailamos los tres. Mi coño palpita, sin bragas, ya estoy chorreando.
Aparece mi marido, cara de idiota. Me arrastra a saludar a sus amigos. Les lanzo una mirada prometedora mientras me alejo. Menos mal que no llevo panties, estarían empapados.
Horas después, el mayordomo susurra algo a Carlos. Él palidece, dice que debe irse de urgencia hasta mañana. Perfecto. Le digo que me encargo de la fiesta. Mientras se va, garabateo en un papel: “El boudoir es precioso, si queréis ver su arquitectura, os abro la puerta”. Se lo doy al mayordomo para los arquitectos. La gente está pedo, nadie nota nada.
Subo al boudoir privado del yate, corazón latiendo fuerte. Me quito la falda, suelto el pelo. Solo corsé negro, liguero y medias. Me siento en el sofá de terciopelo frente a la puerta, piernas cruzadas, coño a la vista.
Minutos eternos, excitación subiendo. La puerta se abre. Entran, cierran con llave. Se quitan las pajaritas, desabotonan camisas.
—Señora, esto es peligroso. ¿Estás segura?
Ecartó las piernas, mi coño reluciente. Se les encienden los ojos. Se quitan las camisas. Pedro me agarra del brazo, me pone de rodillas.
El Boudoir Privado: Pollas Duras y Placer Sin Límites
—A cuatro patas, puta.
Abro su cremallera, su polla gorda salta. Me empuja, me abofetea.
—Espera órdenes, zorra.
Alex me ata las manos con su corbata. Gimo, suplico. “Folladme, por favor”. Pedro mete su polla en mi boca, profunda. La chupo como loca, saboreo su pre-semen salado. Él me agarra el pelo, folla mi garganta.
Alex no espera: su polla enorme entra en mi coño de un golpe. Grito, suelto a Pedro. Él me sujeta la cabeza.
—Chupa bien o te castigo.
Alex me taladra el G-spot, me corro gritando, él gruñe y me llena de leche caliente. Se retira, chorreo por las piernas. Sigo mamando a Pedro, acelero. Él explota en mi boca, trago todo, lamo limpia.
Me llevan al sofá. Pensaba que acabamos, pero un dedo en mi culo me despierta. Estoy tan mojada que entra fácil. Pedro se sienta, me monto en su polla dura otra vez. Suspiro. Alex me empuja contra él y mete su verga en mi ano. Doble penetración. Me follan como animales, pollas frotando dentro, olor a sudor y sexo, gemidos roncos.
Me corro una y otra vez, ellos no paran. Finalmente, se corren: me sacan y me bañan en semen caliente. Tetas, culo, coño… cubierta. Me duermo exhausta.
Despierto sola, orejas doloridas, llena de leche seca. Son las 4 am. Al levantarme, cae el papel: “Al placer de volver a inspeccionar su arquitectura” y un número. Sonrío. Esta noche en el yate fue… inolvidable. Vuelvo a la fiesta como si nada, pero con su secreto elite en mi piel.