Hay solo unos pocos en este jet privado que me trae de vuelta de Mónaco. Este fin de semana sola me ha recargado las pilas. Hojeo cotilleos de famosos en una revista glossy, riéndome bajito. Un tío me mira fijamente desde hace rato, y no puedo evitar devolverle la mirada. Es guapo, fresco, con ojos que perforan. Me clava en mi asiento de cuero suave, oliendo a nuevo y caro. Uf, tengo unas ganas locas de mear. Ese champán en la fiesta no ayuda.
Salgo del baño diminuto, y ahí está, esperándome. Paso rozándole, huelo su aliento a café fuerte y un perfume caro, como cuero y madera. Lo miro a los ojos, de cerca es aún más brutal. Me tiemblan las piernas un poco.
La tensión sube en las nubes
Vuelvo a mi sitio, quito un zapato y cruzo la pierna, dejando ver piel. Nuestras miradas se vuelven sonrisas pícaras, la mía puro fuego. Me retuerzo un poco, provocándole. El jet aterriza suave en París, zona VIP vacía. Bajo primero, él detrás, su olor me envuelve. Me giro, le sonrío. Sus ojos me electrocutan. Avanza lento, se gira, espera que lo siga. Lo hago, el corazón latiendo fuerte. Bajamos a la limusina fila, él coge mi maleta sin pedir. ‘Permite’, dice con voz grave. Subo atrás, él se sienta pegado. Silencio espeso.
Le da una dirección en el 8º al chófer, un hotel de locos, Ritz-level. Miro por la ventana tintada. En un semáforo, me giro: ‘Ya basta de jueguitos’, pienso, pero su mirada me para. Coge mi mano, la acaricia suave, cálida. Frío por la espalda. Se inclina, besa mis labios. Abro la boca, su lengua busca la mía, bailamos. Mariposas en el estómago, coño ya húmedo.
Suena mi móvil. Mi marido. ‘¿Llegaste bien? ¿Cuándo vuelves?’ ‘Sí, amor, pero… llego tarde. Te cuento’. Cuelgo, él vuelve a por más saliva, se la doy golosa. Su mano sube al muslo, roza bajo la falda de seda. Calor sube.
Llegamos al hotel, maletas adentro. Suite brutal: vistas a la Torre Eiffel, aire fresco, minimal chic. Me quita la chaqueta, me pega a él, empuja contra la pared de cristal. Besos en cuello, manos en caderas, aprieta culo. Sube a tetas, duras ya. Mouillé total, coño chorreando.
Le arranco la camisa, torso liso con pelitos justos, perfecto. Lamo pezones, él gime bajito. Lo tiro al suelo mullido, beso vientre bajando. Bajo pantalón, boxer tensa polla tiesa. La saco, glande morado brillante. ‘Mmm, qué rica’, murmuro, chupo ansiosa, lengua en vena, bolas en mano. Él relajado, disfruta.
Explosión brutal en la suite privada
Subo, beso boca, monto a horcajadas. Subo falda, aparto tanga, guío polla a coño empapado. Entra fácil, ‘¡Joder, qué apretada!’, gruñe. Tira falda, desabrocha sujetador. Tetas pequeñas en su boca, mordisquea pezones, me corro ya subiendo.
Quiero perrito. Me bajo, quito tanga, ofrezco culo alto. Él se arrodilla, abre nalgas, lame ano caliente. ‘¡Dios, qué puta lengua!’, me masturbo clítoris hinchado. Entra polla en coño, folla lento. ‘Más fuerte…’. Me aplasta, peso macho, agarra tetas. Me corro temblando, él acelera.
Sigue duro dentro. Cambia, saca, moja dedos en coño, lubrica culo. Presiona glande, ‘Relájate, guapa’. Pica, duele rico, entra poquito a poco. Gritos míos, ‘¡Sí, métemela toda!’. Llena culo, folla profundo, lento. ‘¡Encúlame, joder, no pares! Quiero tu leche’. Orgasmos míos brutales, él eyacula dentro, caliente, pegajoso. Sudor, olor sexo y Chanel.
Ducha rápida, salgo, él tirado, polla brilla. Beso mejilla, ‘Gracias, fue bestial’. Intenta retenerme, sonrío: ‘No, taxi yo’. Bajo, aire noche parisina.
Llego casa, marido en sofá, libro en mano. Me abraza tierno. ‘¿Bien?’ ‘Genialísimo’. En cama, le pajeo polla mientras cuento todo, él duro oyendo detalles crudos.