Acababa de aterrizar en mi jet privado en Bratislava, olor a cuero nuevo impregnando el aire. Misión de auditoría para la empresa, revisar cuentas de alta tecnología en este rincón de Europa Central. Hotel de lujo, suite con vistas al Danubio, champán francés enfriándose en la cubitera. Pero el jet lag me tenía soñando con algo más… caliente.
Al día siguiente, en las oficinas, dossiers apilados, números que bailan. Thomas, mi viejo contacto francés, me envía un mensaje: ‘Cena en mi ático esta noche. Traigo a Anjelika y a Monika, mi estrella local’. Sonrío. Thomas, siempre con ese aire de poder, sabe cómo mezclar negocios y placer. Monika, la asistente de veintitantos, cuerpo flexible bajo el traje sastre, rubor en las mejillas cuando menciono su nombre. Hmm, hay historia ahí.
La tensión sube en el penthouse con vistas eternas
Llega la berline Mercedes, nos recoge. Subimos al piso 21, ático de 170m², terraza infinita sobre la ciudad iluminada. Anjelika nos abre, jean ajustado, jersey ceñido a tetas perfectas, perfume caro flotando. ‘¡Bienvenida, mi española fogosa! Thomas me habló de ti’, dice con acento eslavo sexy. Olor a velas de vainilla, sofás de piel italiana suaves al tacto.
Nos sentamos, copas de champán burbujeando. Hablamos contratos, crisis automovilística, pero los ojos se cruzan. Mano de Anjelika en la rodilla de Monika, subiendo lento. ‘Chicas, ¿no os apetece un aperitivo especial?’, ríe Thomas. Monika se sonroja, pero echa la cabeza atrás. Anjelika le baja las bragas, transparencias colgando. Dedos desaparecen en su coño, labios se pegan, lenguas danzando. Yo miro, polla de Thomas ya medio tiesa bajo los pantalones.
El espacio VIP se cierra, privado. Thomas me guiña: ‘Únete, española’. Me quito el vestido de seda, tacto fresco en la piel. Anjelika me besa, sabor a champán y deseo. ‘Ven, prueba esto’, mete dedos mojados de Monika en mi boca, salado, dulce.
Thomas arranca: pantalones abajo, polla gruesa, capucha puesta. Monika se monta encima, coño chorreando engulle todo. ‘¡Joder, qué prieta!’, gruñe él. Yo con Anjelika en el sofá opuesto, ella me cabalga, mi polla –no, espera, soy yo la narradora… ay, perdón, en mi fantasía soy la que manda, pero aquí soy la española que se une. No, yo soy la protagonista: mi coño se abre para la lengua de Anjelika primero, luego polla de Thomas alternando.
El clímax brutal: pollas, coños y gemidos sin freno
Brutal. Anjelika a cuatro patas, culo en pompa, string aparte. Thomas la penetra vaginal, yo le meto dedos en el ano, dilatando. ‘¡Más, cabrona!’, gime ella. Monika se une, lame mis tetas, pezones duros como diamantes. Cambio: yo bajo a Thomas, su polla sale reluciente de Anjelika, la chupo, bolas pesadas en mi barbilla, olor a sexo puro. Monika se pone a horcajadas en mi cara, coño depilado goteando en mi lengua. ‘¡Lame, puta española!’, jadea.
Doble penetración: Anjelika y Monika de rodillas, Thomas en el coño de una, yo con un strapon sacado del cajón –negro, grueso– en el culo de la otra. ‘¡Ahhh, me partes!’, grita Monika, ano apretado tragándolo. Gemidos, clapotis de jugos, sudor perlando pieles. Thomas acelera, ‘Me corro…’. Chorros en condón, pero luego fuera, semen caliente en tetas de Anjelika. Yo exploto, squirt en la cara de Monika, ella lame todo.
Orgía total: pollas falsas y reales entrando y saliendo. Yo follo a Anjelika mientras Thomas me come el culo, lengua profunda. ‘¡Cojones, qué ano tan dulce!’, murmura. Rotamos, Monika cabalga mi strapon, tetas botando, Thomas la folla por detrás, doble en coño y culo. Gritos: ‘¡Fóllame más duro! ¡Lléname de leche!’. Olores mezclados: esperma, coños húmedos, champán derramado.
Jadeantes, paramos. Anjelika se levanta, pelo revuelto, coño hinchado goteando. ‘Gracias por el aperitivo, chicas. Ahora, a la mesa, la cena espera’. Se arregla el jersey, Monika sube bragas, yo me visto. Thomas, polla aún semi, sirve vino. ‘Buen vino eslovaco, ¿no?’. Reímos, como si nada. Secreto élite, poder y placer fundidos. Mañana, contratos. Hoy, esto queda grabado en mi piel de seda.