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Mi Felación Prohibida en la Suite VIP del Yate Privado

Ay, chicas, todo empezó en ese yate privado anclado en Ibiza, puro lujo. Mi marido, Alejandro, y yo, Sofía, llevamos juntos desde el insti, casi treinta tacos, locos el uno por el otro. Vivimos entre jets y hoteles 5 estrellas, pero… los deseos humanos no se van. Él con su porno secreto, yo fantaseando con lo prohibido. Una noche, después de una bronca, le confieso que me muero por chupársela a un desconocido. Él flipa, pero se pone cachondo. ‘Vale, lo hacemos’, dice. Reglas claras: yo elijo, sitio público primero, solo mamada, él mira.

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El yate es de un amigo millonario, lounge VIP con sofás de cuero negro que huelen a caro, champán Dom Pérignon burbujeando en copas de cristal. Llevo un vestido de seda roja que se pega a mis tetas, pezones duros ya de la excitación. Alejandro ha filtrado candidatos online, todos ejecutivos, anónimos. Elijo a Diego, 35 años, informático top, foto con traje Armani. Nos vemos en el bar del yate, luces tenues, música jazz suave. Llega alto, moreno, sonrisa de tiburón. ‘Hola, Sofía… Alejandro’, dice, besándome la mejilla, su colonia fuerte me invade, a madera y deseo.

La Tensión en el Lounge del Yate

Pedimos rondas de champán, frío y dulce en la lengua, burbujas picando. Hablamos de viajes, negocios, pero los ojos… uf, los suyos en mis labios, los míos en su paquete abultado bajo los pantalones. Alejandro suda un poco, nervioso, pero su polla ya dura en los vaqueros. ‘¿Y los contratos?’, bromea Diego, pasando un dossier falso de la mesa, rozando mi mano. Tensión eléctrica. Miro a Alejandro, él asiente. ‘¿Subimos a la suite privada?’, pregunto, voz ronca. Diego termina su copa de un trago, ‘Vamos’. El cuero cruje cuando nos levantamos, aire salado del mar mezclado con nuestro calor.

Ascensor panorámico al deck superior, suite VIP con cama king size, sábanas de hilo egipcio, vistas a la noche estrellada. Puerta cierra, clic metálico. Silencio pesado. Diego se sienta en el borde de la cama, piernas abiertas. ‘Ven, preciosa’, murmura. Miro a Alejandro, él se acomoda en el sillón de terciopelo, ojos brillantes. Me arrodillo entre las piernas de Diego, manos temblando en su cinturón. Desabrocho, zipper baja lento. Sus bóxers Calvin Klein, polla semi-dura asomando, venosa, no circuncidada, peluda en la base. Olor a macho, sudor limpio y pre-semen.

El Placer Brutal y la Recuperación

La saco, gruesa, pesada en mi mano. La masturbo despacio, piel suave deslizándose, glande morado saliendo. ‘Joder, qué rica boca’, gime él. Me acerco, lengua lame el capullo salado, sabor intenso. Abro labios, la meto, chupando suave. Crece en mi boca, llena, toca garganta. Saliva chorrea, sonidos chapoteantes. Alejandro jadea desde el sillón. Diego agarra mi pelo, guía sin forzar, ‘Así, cabrona, trágatela’. Acelero, mano-boca rítmica, bolas peludas rozando mi barbilla. Huele a sexo puro, polla palpitando. ‘Me corro… ¡toma mi leche!’, gruñe. Chorros calientes inundan mi boca, espesa, amarga, tragando parte, resto escurre por comisuras. La saca, frota en mis labios, último gota en mi lengua.

Diego se levanta, se viste rápido. ‘Gracias, pareja. Un placer’. Aprieta mano a Alejandro, guiño a mí. Sale, como si nada. Yo escupo en el baño de mármol, enjuago. Vuelvo, Alejandro me devora. Nos follamos salvajes en esa cama, él me come el coño empapado, luego me penetra duro, hasta el culo, gritando. Mejor polvo ever. Después, copas de champán de nuevo, risas. Bajamos al lounge, étiquette perfecta, saludos a invitados VIP. Nadie nota mi maquillaje corrido, su sabor en mi aliento. Nuestro secreto elite, adrenalina pura. ¿Repetimos? Shh… quién sabe.

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