Acabo de bajar del yate de Javier, ese magnate que controla medio sector inmobiliario. Dios, qué noche… Estaba todo tan perfecto, el sol poniéndose en el Mediterráneo, el cuero de los asientos oliendo a riqueza, champán Dom Pérignon burbujeando en las copas de cristal. Javier, con sus cincuenta y pico, traje impecable, me había invitado para ‘cerrar contratos’. Sus dos hijos, Marco y Luis, unos veinteañeros con cuerpos de gimnasio y cuentas corrientes interminables, fingían revisar dossiers en la mesa de caoba.
Yo llevaba un vestido de seda negro, ajustado, que marcaba mis tetas generosas y mi culo redondo. Sentada entre ellos, cruzaba las piernas, notando sus miradas. ‘Alice, firma aquí’, decía Javier, pero sus ojos se clavaban en mi escote. Marco, el mayor, rozaba mi muslo ‘por accidente’ al pasar papeles. Luis sonreía, oliendo mi perfume caro. La tensión… uf, se masticaba. El aire acondicionado frío erizaba mi piel, pezones duros bajo la seda.
La tensión sube en el yate de lujo
De repente, el móvil de Javier. ‘Mierda, emergencia en Dubai. Tengo que irme en el helicóptero’. Me miró, dudando. ‘Quedaos aquí, chicos, entretened a Alice en la suite VIP. No la dejéis sola’. Se fue, el rotor zumbando. La suite… mampara de cristal ahumado que se cierra con un clic. Espacio privado ahora. Champán fresco, pieles en el suelo, luces tenues. ‘¿Quieres más?’, pregunta Marco, sirviéndome, su mano en mi hombro. TiemBlo. ‘Bueno… sí, hace calor’. Luis se acerca, ‘Déjame masajearte los hombros, estás tensa’.
Empieza inocente. Sus manos fuertes en mi nuca, bajando por la espalda. ‘Quítate el vestido, Alice, para mejor’, murmura Luis. La seda cae, quedo en lencería de encaje negro, tanga diminuta. Huelo el cuero mezclado con mi excitación. Marco vierte aceite, resbaladizo en mis tetas, pezones tiesos. Gimo bajito. ‘Joder, qué piel…’. Sus dedos audaces, bajan a mi culo, apartan la tanga. ‘Estás mojada ya, puta cachonda’.
El clímax brutal y el secreto élite
Marco me pone a cuatro patas sobre la piel, polla dura sacada del pantalón. Gruesa, venosa. Me la mete en la boca, sabrosa de precum. ‘Chúpala bien, Alice’. Luis detrás, lame mi coño chorreante. ‘Qué coño más rico, depilado, oliendo a sexo’. Me come el culo, lengua profunda. Luego, su polla enorme me abre el coño de un empujón. ‘¡Ahhh! Sí, fóllame fuerte’. Bombean, uno en boca, otro en chocho. Cambio: Luis en mi culo, despacio al principio, ‘¡Joder, qué apretado!’, yo grito de placer-dolor. Marco me taladra el coño, pollas rozándose dentro separadas por membrana fina. Sudor, slap-slap de carne, gemidos. ‘¡Me corro, cabrones!’. Explosión, mi squirt moja las pieles, ellos eyaculan dentro, semen caliente goteando.
Marco trae al tercero, su primo Raúl, que ‘oyó ruidos’. ‘¿Quieres más polla élite?’. Yo, jadeante, piernas abiertas, coño palpitante. ‘Sí… folladme todos’. Raúl me monta salvaje, tetas rebotando, mordiendo pezones. Luis en mi boca, Marco dedos en culo. Orgasmo tras orgasmo, pollas turnándose, doble penetración brutal. ‘¡Toma leche, zorra VIP!’. Eyaculan en mi cara, tetas, coño lleno.
De repente, helicóptero. Nos recomponemos rápido. Vestido puesto, champán en mano, dossiers sobre la mesa. Javier entra: ‘¿Todo bien?’. Sonrisas. ‘Perfecto, cerramos contratos’. Besos en mejillas, miradas cómplices con los chicos. Secretos de élite. Nadie sabe que su yate apesta a sexo aún. Volví a casa oliendo a ellos, recordando cada embestida. Qué adicción este mundo…