Estaba en la suite penthouse del Ritz, Madrid. Olor a cuero nuevo en los sillones, champán Dom Pérignon burbujeando en copas de cristal. Yo, con mi vestido de seda negro ajustado, piernas cruzadas. Frente a mí, Claudia, la abogada. Alta, morena, labios carnosos. Revisábamos contratos para el nuevo yate. Sus ojos… ay, sus ojos se desviaban. De mis pechos al escote, a mis muslos.
“¿Todo en orden?”, preguntó ella, voz ronca. Yo asentí, pero sentía el calor subiendo. Sus manos sobre los papeles, uñas rojas perfectas. El aire acondicionado susurraba, pero yo sudaba. Detalles del contrato… miradas que duraban demasiado. “Firma aquí”, dijo, inclinándose. Su perfume, jazmín y algo salvaje. Vi su blusa blanca abriéndose un poco, pezón rosado asomando. Tragué saliva. El espacio VIP se cerraba: cortinas corridas, puerta con llave.
La Tensión en el Paraíso de Lujo
De repente, su mano rozó mi rodilla. “¿Calor, verdad?”, murmuró. No respondí. Solo la miré. Sus dedos subieron, lentos. Yo abrí las piernas un poco. “Joder, qué ganas…”, susurré. Se arrodilló entre mis muslos, en la alfombra persa. Subió mi vestido de seda, fresca contra la piel. “Sin bragas, puta”, rio bajito. Sus uñas arañaron mis muslos blancos, suaves.
Me abrió las piernas del todo. Olor a mi coño ya húmedo. “Mira cómo chorreo por ti”. Sacó la lengua, plana, lamió mi raja despacio. Grité bajito. Sabor salado, dulce. Sus labios chuparon mi clítoris, hinchado como una perla dura. “¡Sí, chúpamelo, joder!”. Metió un dedo, luego dos, en mi coño apretado. Chapoteaba, mojado. Yo agarré su pelo, empujándola. “Más profundo, cabrona”. Lamía fuerte, succionaba mi clítoris mientras follaba con dedos. Sentí el orgasmo venir, vientre temblando.
El Éxtasis Brutal y el Secreto Compartido
Me corrí en su boca, chorros calientes. Ella bebió todo, lamiendo. “Ahora tú”, jadeé. La tumbé en el sofá de cuero. Olor a mi corrida en su barbilla. Le arranqué la blusa: tetas grandes, pezones duros. Los pellizqué, mordí. Bajé su falda, coño depilado, labios hinchados. “Qué coñazo tan rico”. Metí la lengua, saboreando su flujo. Clítoris erecto, lo rodé con la lengua. Tres dedos dentro, follándola duro. “¡Me corro, me corro!”, gritó. Se convulsionó, empapándome la cara.
Nos frotamos coños, clítoris contra clítoris, resbaladizo, salvaje. Sudor, gemidos. Olor a sexo puro en el lujo. Otro orgasmo juntas, cuerpos pegados, piel de gallina.
Después… silencio. Nos limpiamos con toallas calientes del baño. Champagne otra vez. “Firma”, dijo ella, sonriendo. Yo firmé, piernas temblando aún. Vestidos perfectos, maquillaje retoque. Bajamos al lobby como reinas. Nadie supo. Nuestro secreto de élite. Adrenalina pura. Quiero más.