Ay, cariño, acabo de bajar del yate privado de mi amiga millonaria, anclado frente a Ibiza. El sol se ponía, tiñendo el mar de oro, y el aire olía a sal, cuero nuevo de los asientos y Chanel No. 5. Estábamos en la cubierta superior, solo nosotras: yo, Andréa con su melena rusa flameante, Oriane la joven despampanante, Sandrine su compi tetona y la nueva, Mélanie, deportista dura con culo de acero. Vestidas de seda ligera que se pegaba al sudor, revisábamos contratos en la mesa de caoba. Millones en juego, pero las miradas… uf, se cruzaban como chispas.
Andréa me roza el muslo bajo la mesa, eh… ‘Firma aquí, puta’, susurra, y su dedo sube rozando mi tanga. Oriane ríe, sus pechos suben y bajan, ‘Mira cómo brilla el champán, como vuestros coños’. Sandrine asiente, mordiéndose el labio, mientras Mélanie, con ojos negros afilados, me clava la vista en los pezones duros bajo la blusa. El viento fresco eriza la piel, el Dom Pérignon burbujea en copas de cristal, sabe a fresas y pecado. Hablamos de deals exclusivos, pero la tensión crece. ‘Cerrad las puertas’, digo al fin, voz ronca. El espacio VIP se aísla, persianas bajan, solo luces tenues y el rumor de olas. Ahora es nuestro.
La tensión sube en la cubierta VIP
De repente, todo explota. Andréa me empuja contra el sofá de cuero, huele a su perfume y excitación. ‘Quítate esa mierda de seda’, gruñe, y me arranca el vestido. Mis tetas saltan libres, pezones tiesos. Oriane se une, lame mi cuello, ‘Tu coño huele a mar y miel’. Me abro de piernas, coño chorreando sobre el cuero cálido. Sandrine mete dos dedos en mí, ‘Joder, qué mojada, puta vieja’. Gimo, arqueo la espalda. Mélanie observa, luego se quita las bragas, su coño epilado brilla, labios gruesos hinchados. ‘Pruébame’, dice, y se sienta en mi cara.
El clímax salvaje y el regreso al lujo
Su sabor ácido, marino, me enloquece. Lamí su clítoris pequeño, berlingot duro, mientras Andréa me dobla, mete lengua en mi ano. ‘¡Mierda, qué rico tu culito!’, jadea. Intercambiamos: yo abro el coño de Oriane, rosado y palpitante, meto índice y medio en su culo mientras Sandrine le chupa el clítoris. Grita, ‘¡Sí, folladme así!’. Orgasmo la sacude, chorrea jugos en mi boca. Andréa trae una botella de champán fría, nos moja las tetas, lame burbujas de mi clítoris. ‘Bebe de mi coño’, ordena Mélanie, y meo un chorrito caliente en su boca abierta. Ella traga, ríe, ‘Delicioso, como caviar’. Nos frotamos coño a coño en tijera, pipí y cyprine mezclados, resbaladizo, intenso. Dolor placentero cuando Andréa mete un dedo en mi uretra, suave, ‘Relájate, amor’. Succión en mi vejiga, exploto en orgasmo sin tocarme, cuerpo temblando, ‘¡Joder, me corro!’. Ellas igual, gritos, sudores pegajosos, olor a sexo y lujo.
Al amanecer, nos recomponemos. Duchas rápidas con jabones caros, olor a jazmín. Vestidos de seda impecables, maquillaje fresco. Brindamos con champán, ‘Por los contratos cerrados’, dice Oriane con guiño. Reímos, firmamos papeles como reinas. Nadie abajo sospecha: el yate arranca, secreto élite guardado. Pero mis bragas aún húmedas recuerdan… volveremos.