Mi follada salvaje en el yate privado de lujo

Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Soy Sofia, metro sesenta y ocho de curvas esculpidas en el gym, pelo castaño claro que a veces tiño rubio, ojos avellana que matan. Conocí a Javier hace años en una startup de lujo, pioneros totales, ambiente suelto donde las charlas se ponían calientes. Él, metro setenta y cinco de puro músculo, siempre con esa sonrisa pícara. Yo casada, pero feliz… o eso creía.

Habían pasado tres años sin noticias, solo un mensajito en redes: mi matrimonio hecho mierda con Greg, un amante que no cuajó. Él confesó lo suyo con una ex. Diez días atrás, en el AVE volviendo de Madrid, vibra el móvil. ‘Hola guapo, ¿qué tal?’ Mensajes inocentes al principio, promo laboral mía, bla bla… Luego: ‘Con Greg peor, el amante no funcionó. Pero quiero más, ahora estoy lista’. El corazón me late fuerte. ‘Cuenta conmigo’, le suelto. ‘¿Cómo?’, juega ella. ‘Ser tu amante, follarte como mereces’. Risas, complicidad antigua. Llamadas diarias, fotos cada vez más guarras, un Gmail secreto. Excitación al techo.

La tensión sube en el yate exclusivo

Suerte loca: reunión VIP en Marbella, yate privado para ‘firmar contratos’. Reservo suite en el hotel colindante, pero el plan es el yate. Día D, mediodía. Subo al muelle, olor a mar salado mezclado con cuero nuevo de los asientos. Él espera con champán Dom Pérignon en copa helada, sabor afrutado explotando en la lengua. Vestido de seda roja ceñida, tanga diminuto, medias hasta muslo. Él en camisa ajustada, pantalón marcando paquete. Revisamos ‘dossiers’ en la cubierta privada, piernas rozándose bajo la mesa de caoba. Miradas que queman. ‘¿Nerviosa?’, susurra, mano en mi rodilla subiendo lento. ‘Un poco… eh, mucho’, balbuceo. El yate arranca, aislamiento total. Espacio VIP vira privado: cierra la puerta del camarote, lujo puro, sábanas de hilo egipcio, luces tenues.

Sus labios chocan los míos, besos furiosos, lenguas enredadas como serpientes. ‘Joder, Sofia, cuánto te deseo’, gruñe quitándome el vestido. Manos en mis tetas, pezones duros como piedras. Yo le bajo el pantalón, su polla saltando tiesa, venosa, goteando pre-semen. ‘Mmm, qué polla más rica’, digo lamiendo la punta, sabor salado. Me tumba en la cama king size, olor a su colonia cara invadiendo. Me arranca las medias, tanga aparte. Dedos abriendo mi coño depilado, húmedo ya. ‘Estás chorreando, puta’, ríe. Lengua en mi clítoris, chupando fuerte, dedos metiéndose hasta el fondo. Gimo alto: ‘¡Sí, joder, lame mi coño!’. Ondas de placer, huelo mi propia excitación almizclada.

El polvo brutal sin filtros

Me pongo a cuatro, levrette pura. ‘Fóllame ya’, suplico. Empuja su polla gruesa, entra de golpe, estirándome. ‘¡Qué coño tan apretado!’, jadea. Embestidas brutales, pubis chocando mis nalgas, slap slap. Pulgar en mi culito, rozando ano. ‘Más fuerte, cabrón’. Cambio: yo encima, cabalgando, tetas botando, clavo uñas en su pecho. Sesenta y nueve: su polla en mi garganta, bolas en nariz, yo ahogándome en saliva mientras él me devora el chocho jugoso. ‘Voy a correrme’, aviso. Él acelera lengua, dedos en G-spot. Explosión: squirt en su cara, grito ronco ‘¡Ooooh síii!’. Él no aguanta, me voltea misionero, folla salvaje, semen caliente llenándome el útero. Colapso, sudados, pegajosos.

Minutos después, ducha rápida en mármol italiano, jabón perfumado. Vestimos impecables: yo falda plisada, él traje. Subimos cubierta, champán fresco, firmamos ‘contratos’ con sonrisas inocentes. Miradas cómplices, secreto élite. ‘Hasta la próxima aventura, preciosa’, guiña. Bajamos yate como jefes, nadie sospecha el polvo épico. Adrenalina pura, poder del lujo. Aún siento su polla dentro.

Leave a Reply