Ay, chicas, os lo cuento como si acabara de pasar. Estoy en el yate privado de este millonario, eh… un tal Rodrigo, el rey de los negocios en Madrid. El sol se pone sobre el Mediterráneo, el cuero de los asientos huele a lujo caro, mezclado con el salitre del mar. Brindamos con champagne Dom Pérignon, burbujas frías en la lengua, dulces como un beso prohibido.
Estamos en la sala VIP, rodeados de contratos. Dossiers gordos sobre la mesa de caoba. Él, con su traje impecable, ojos oscuros que me devoran. Yo, vestida de seda negra que se pega a mis curvas, tacones que clavan en la alfombra persa. ‘Mira esto, Carmen’, dice, pasando una página. Su mano roza la mía. Pausa. Mirada fija. Siento el calor subiendo por mi coño. ‘Hay que corregir estos términos’, murmuro, mordiéndome el labio. Él sonríe, depredador. ‘Tú corrígeme a mí primero’.
La tensión sube entre contratos y miradas
La puerta se cierra con un clic suave. Ahora es nuestro espacio privado. El yate se mece, olas golpeando el casco. Se acerca, su aliento whisky y poder. Me empuja contra la pared forrada de terciopelo. Sus labios en mi cuello, mordiendo suave. ‘Joder, qué rica estás’, gruñe. Le desabrocho la camisa, pelo del pecho áspero bajo mis uñas. Sus manos en mi culo, apretando fuerte, levantando la falda. No hay preliminares de mierda. Directo al grano.
Me arrodillo en la alfombra mullida. Su polla sale dura, gruesa, venas marcadas. Huele a hombre, a deseo puro. La lamo desde la base, lengua plana, hasta la punta salada de precum. ‘Sí, chúpamela toda’, jadea. La meto en la boca, profunda, garganta apretada. Él agarra mi pelo, follando mi cara. Babas cayendo por mi barbilla, ojos lagrimeando. El sabor… salado, adictivo, como el mar mezclado con su sudor.
El polvo brutal en la cabina privada
Me pone de pie, rompe mi tanga de un tirón. Dedos en mi coño empapado. ‘Estás chorreando, puta cachonda’. Dos dedos dentro, curvados, tocando el punto G. Gimo alto, piernas temblando. Me gira, cara contra el cuero del sofá. Huele a nuevo, a dinero. Su polla empuja en mi entrada, de un golpe todo adentro. ‘¡Aaaah!’, grito. Me folla duro, embestidas salvajes, huevos chocando mi clítoris. Cada thrust raspa mi pared, placer que quema. ‘Más fuerte, joder, rómpeme’, suplico. Sudor goteando, cuerpos pegajosos. El yate se balancea con nosotros.
Cambia posición. Me sube a la mesa, contratos volando. Piernas abiertas, coño expuesto, rosado e hinchado. Me come el clítoris, lengua rápida, chupando fuerte. ‘Deliciosa, tu jugo sabe a miel’. Meto dedos en su pelo, cabalgo su cara. Vengo primero, explosión, chorros mojando su barbilla. Él no para. Se pone encima, polla hundiéndose de nuevo. Misionero brutal, pechos rebotando, uñas en su espalda. ‘Te voy a llenar de leche’, gruñe. Acelera, bestia. Siento su polla palpitar, chorros calientes inundando mi útero. Grito su nombre, segunda ola me arrasa.
Jadeamos, cuerpos exhaustos. Beso suave en mi frente. Limpio con toallitas de seda, olor a lavanda. Vuelve a la mesa, pantalón subido. Firma los contratos como si nada. ‘Buen trabajo, Carmen’. Sonrisa cómplice. Yo arreglo el pelo, labios hinchados. Salimos a cubierta, champagne fresco. Miradas de sirvientes discretos. Nuestro secreto de élite, adrenalina del poder. Mañana, más negocios. Pero esta noche… inolvidable.