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Mi confesión ardiente: felaciones en el yate privado con gemelos VIP

Acabo de colgar con Camille, mi mejor amiga, la voz aún temblorosa de la emoción. ‘¿Qué tal la tarde?’, le pregunto. ‘Deliciosa, joder, esas nuevas sensaciones me vuelven loca. Mañana más, ¿te imaginas lo rápido que vamos? Hace dos días no sabíamos qué era una polla y ahora… técnica total’. Río, pensando en el esperma que se tragó ella. ‘¿Te molestó tanto semen?’, digo. ‘Qué va, me encanta. Sobre tu coño afeitado, ni te cuento. Lamí todo, ese yogur de chico en mi lengua… Benjamin me llenó la boca. ¿Y nuestro beso con la leche de David?’. ‘Epico, con nuestras salivas mezcladas, sabor picante’. Hablamos de gustos distintos, de los gemelos que nos esperan. ‘Quiero ver si sus pollas son idénticas’, susurro. Nos despedimos, noche caliente asegurada.

Al día siguiente, ducha rápida, elijo mi tanga rosa pálido, súper ceñida. Post-rasurado, mi monte de Venus brilla, las costuras rozan mis labios hinchados. Frente al espejo, faldas subidas, me miro: perfecta para exhibir. Vestido rojo largo hasta tobillos, escote alto, sujetador negro que realza mis tetitas firmes. Huele a seda cara, tacto suave contra piel.

Tensión en el lounge exclusivo

A las 13h, paseo por el lobby del hotel cinco estrellas, aire acondicionado fresco, olor a cuero de los sofás. Stéphane ya está en la terraza VIP con los gemelos, Fabien y Jeremy, herederos de fortunas, trajeados, aire intelectual, gorditos tiernos. Camille llega radiante, vestido verde manzana, tetas alzadas, piernas moldeadas. Pedimos champán Dom Pérignon, burbujas frías en cristal tallado.

Un chico de mesa vecina se acerca, sonrisa pícara: ‘¿Hoy llevas bragas, señorita?’. Todos ríen, yo me sonrojo pero excito. ‘Ven a verlo tú mismo, en cinco minutos, baño’. Me levanto, corazón latiendo. Recuerdo verlo ayer, atento. Entro al baño amplio, luces tenues, mármol frío. Me planto ante el espejo, subo falda lenta… olor a mi excitación sube. Entran los dos, el amigo tímido detrás. ‘Mi colega es vergonzoso, ¿nos dejas verificar?’. Río, ‘Arrodillaos a cada lado’. Subo falda como striptease, tanga rosa asomando. ‘¡Ta-tá!’. Decepcionados un segundo, pero mi coño marcado los hipnotiza.

‘¿Y lo de la afeitada que oí ayer?’, pregunta el valiente. ‘Deslizad la tela, resolved el misterio’. Manos temblorosas bajan mi tanga, despacio. ‘¡Liso como seda! Felicidades, preciosa’. Siguen bajando, rodillas expuestas, labios rosados abiertos. Puerta se abre: un ejecutivo cincuentón entra, ojos como platos. Suelto falda, pero la subo de nuevo, posando. Él lava manos torpe, mirada fija en mi coñito depilado. Sonrío, él guiña. Salgo galante, beso en mano al chico: ‘Ciao, caballeros’.

Vuelvo, cuento todo alto: ‘Les mostré mi tanga, luego el coño afeitado. Hasta el viejo verde lo vio’. Risas, él se va rojo con su mujer furiosa. Sedienta, sorbo champán, giro a gemelos: ‘¿Y vosotros?’. ‘Fabien, historia; Jeremy, letras. Os vimos desnudos desde el yate vecino, pollas duras al ver el semen en tu coño’. Stéphane: ‘Hoy os toca, con sorpresas’.

El clímax brutal en la cabina privada

Subimos al yate privado anclado, cubierta de teca, viento salado. Lounge con contratos sobre mesa de caoba, vistas al mar. Miradas calientes cruzan papeles, pollas abultando pantalones. ‘Firma aquí’, dice Fabien, mano rozando mi muslo. Tensión eléctrica, aire cargado de testosterona. Camille guiña, espacio VIP se cierra: puerta a cabina privada, luces bajas, cama king size, sábanas de satén.

Allí explota todo. ‘Quítate el vestido’, ordena Jeremy, voz ronca. Me desnudo lenta, tetas saltando, tanga cae. Ellos se bajan cremalleras: pollas idénticas, gruesas, venosas, cabezas gemelas relucientes. ‘¡Joder, iguales!’, exclamo. Arrodillo, agarro una cada mano, huelo a macho limpio, cuero caro. Chupo Fabien primero, lengua en glande, saliva goteando. ‘Mmm, qué polla rica’, gimo. Cambio a Jeremy, bolas pesadas, succiono profundo, garganta llena. Camille se une, cuatro manos en pollas, besos babosos con pre-semen salado.

‘¡Folla mi boca!’, pido. Empujan fuerte, pollas golpeando paladar, lágrimas de placer. ‘Me vengo’, gruñe Fabien, chorro caliente inunda mi lengua, leche espesa, sabor almendrado. Trago glup-glup, resto en labios. Jeremy eyacula en cara de Camille, ella me besa, mezcla pegajosa, tragamos mutuo. ‘Más’, suplico, lamiendo coños mutuos, lenguas en clítoris afeitados, jugos dulces. Rasurado hace todo más sensible, vibraciones directas.

Agotados, sudorosos, olor a sexo y champán. Vestimos rápido, etiquéta elite: corbatas, vestidos impecables. Salimos lounge, contratos firmados, sonrisas cómplices. ‘Buen negocio’, dice Stéphane, brindis. Secreto nuestro, adrenalina del poder, exclusividad pura. Mañana, más locuras VIP.

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