Ay, chicas, acabo de bajar de ese yate privado en Ibiza, el corazón aún me late fuerte. Yo, Carmen, 52 años pero con cuerpo de diosa gracias al gym y los tratamientos, vestida con un vestido de seda negro que se pega a mis curvas. Él, Javier, el magnate con sienes plateadas, traje impecable, ojos que queman. Nos vemos para cerrar contratos millonarios, exclusividad total, solo nosotros y el mar.
El cuero de los asientos huele a lujo nuevo, champán Dom Pérignon en copas frías, burbujas que pican en la lengua. Sentados en la cubierta VIP, papeles entre nosotros, pero sus miradas… uf, me recorren las piernas, suben al escote. ‘Carmen, firmas aquí’, dice, su voz grave, dedo rozando el mío. Yo sonrío, cruzo las piernas, la seda susurra. ‘Javier, este trato nos une más’, respondo, mordiéndome el labio. Siento su mirada en mis tetas, endureciéndose los pezones bajo el encaje.
La tensión sube entre contratos y miradas en la cubierta
Hablamos de negocios, pero el aire se carga. Él elogia mi elegancia, ‘Sigues siendo una liana, Carmen, delgada y fuerte’. Río bajito, ‘Tú tampoco estás mal, con esas canas sexys’. Su mano roza mi rodilla ‘por accidente’, calor sube. Bebo champán, dulce y fresco, el sol besa mi piel. La tensión crece, contratos olvidados, solo ojos devorándose. ‘Vamos a la suite, es más privado’, murmura. Asiento, el yate vira, espacio VIP nuestro.
En la suite, luces tenues, cama king con sábanas de hilo egipcio. ‘Me duele el tobillo, tacones’, digo, sentándome en el borde. Él se arrodilla, manos fuertes palpando. ‘Déjame ver’, piel tibia bajo falda. Sus dedos suben, moldean pantorrilla, yo gimo suave. ‘¿Aquí duele?’, pregunta, rozando muslo. ‘Sí… sigue’, susurro, abro piernas. Olor a su colonia, cuero y mar. Manos alcanzan braga, la baja lento. ‘Dios, Javier…’, mi coño ya moja.
Él lame interior muslo, nariz en mis pelos púbicos. ‘Hueles a puta de lujo’, gruñe. Lengua ancha en raja, chupa clítoris hinchado. ‘Ah, joder, sí…’, arqueo espalda. Dedo entra coño, otro roza ano. ‘¿Quieres por detrás?’, pregunta. ‘Fóllame toda’, jadeo. Boca devora, succión fuerte, yo empujo cadera contra cara. ‘¡Chúpame más, cabrón!’. Mi leche chorrea, él bebe, lengua en culo ahora, dedo follando ano apretado.
El clímax brutal en la suite VIP
Me volteo, beso salvaje, gusto mi coño en su boca. Bajo pantalón, polla gorda salta, venosa. ‘Qué verga enorme’, digo, mano apretando. La chupo, glande salado, bolas pesadas. ‘Traga, Carmen’, ordena, empuja garganta. Me ahogo, saliva chorrea, pero sigo, lengua en frenillo. Él gime, ‘¡Joder, qué boca!’. Me pone a cuatro, polla en coño de un empellón. ‘¡Fóllame duro!’, grito. Pistonazos brutales, bolas azotan clítoris, tetas rebotan.
‘Ahora el culo’, pide. Escupo en roseta, glande fuerza entrada. ‘¡Duele… pero qué rico!’, aúllo. Me abre nalgas, mete hondo, ano ardiendo. ‘Eres mi puta VIP’, gruñe, follándome salvaje. Yo me corro, coño chorreando, él eyacula dentro, semen caliente. Caemos sudados, piel pegada.
Minutos después, nos vestimos. Champán otra vez, contratos firmados. ‘Ha sido… productivo’, dice guiñando. Sonrío, ‘Nuestro secreto de élite’. Bajamos como si nada, apariencias intactas, pero el fuego queda. Adrenalina pura, poder y placer exclusivo.