Acabo de bajar del jet privado, el sol pega fuerte en la Costa Azul. Me invita a su yate, dice que es para revisar contratos, dossiers de negocios exclusivos. Yo, Isabella, la chica de mundo, con mi amante millonario, pero ella… su ex, esa diosa dominante, me tiene intrigada. Subo la pasarela, olor a sal marina mezclado con cuero nuevo de los asientos. El yate es un palacio flotante: mármol blanco, champagne Dom Pérignon enfriándose en cubiteras de plata.
Nos sentamos en la terraza VIP, ella con un bikini diminuto de seda negra que deja ver todo. Yo llevo un vestido ligero, escotado, sintiendo el roce fresco contra mi piel. Papeles sobre la mesa de teca, hablamos de cifras, fusiones… pero sus ojos verdes me perforan. ‘Isabella, ¿segura que quieres esto con él? Yo lo conozco… por todos los agujeros’, suelta con risa ronca. Me sonrojo, pero mi coño palpita. Acerca su copa, el burbujeo del champán, sabor ácido en mi lengua cuando brindamos. Sus dedos rozan los míos, electricidad. ‘Cierra la puerta del salón privado, aquí nadie nos molesta’, murmura. El espacio se aísla, cortinas de lino caen, solo el rumor de las olas.
El lujo del yate y la tensión creciente
De repente, me empuja contra el sofá de cuero suave, olor embriagador. ‘Sabes que te vi en sus ojos, mojada por mí’, dice, mordiendo mi labio. Sus manos arrancan mi vestido, pezones duros al aire. ‘¡Joder, qué tetas tan perfectas!’, gruñe, chupándolas fuerte, lengua girando como un torbellino. Gimo, ‘Para… o no pares’. Baja, encuentra mi tanga empapada. ‘Sin bragas, puta de lujo, venías preparada’. Me abre las piernas, hunde la cara en mi coño rasurado. Lengua experta lamiendo mi clítoris hinchado, dedos curvados dentro, tocando ese punto que me hace temblar. ‘¡Sí, lame mi chochito, cabrona!’, grito, arqueándome. Huele a mi excitación salada, ella sorbe todo.
El sexo brutal y el regreso a la élite
Se quita el bikini, su coño depilado brilla de jugos. ‘A rodillas, rica, chúpame’. Obedezco, sabor fuerte y dulce en mi boca, lengua hurgando sus labios hinchados. ‘¡Más profundo, métela en mi culo!’, ordena. Lamí su ano apretado, saliva chorreando. Saca un arnés del cajón oculto, enorme polla de silicona. ‘Póntelo, fóllame como a él’. Tiemblo, lo ato, la penetro despacio, sintiendo su calor apretado. ‘¡Duro, rómpeme el coño!’, aúlla. La embisto salvaje, cacheteando sus nalgas firmes, mano en su clítoris frotando. Ella se corre gritando, chorros mojando el cuero. Yo exploto detrás, piernas flojas.
Cae sobre mí, besos suaves ahora. ‘Eres una diosa del sexo, Isabella’. Nos limpiamos con toallas de hilo egipcio, huelo su perfume caro. Viste su bikini, yo mi vestido, como si nada. Champagne otra vez, revisamos los contratos riendo. ‘Nuestro secreto de élite, ¿eh?’. Bajamos a cubierta, tripulación ajena. Me despide con guiño, ‘Vuelve pronto, con o sin él’. El yate se aleja, mi coño aún late, adicta a este lujo prohibido.