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Mi polvo salvaje en el yate privado del jefe

Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Fue la semana pasada, en el yate privado de mi marido, anclado en la Costa Azul. Él, el gran empresario, organizaba una reunión VIP con socios rusos. Yo, su trofeo rubia, vestida con un vestido de seda negro que se pegaba a mis curvas como una segunda piel. Olía a Chanel y sal marina. Champagne Dom Pérignon en copas de cristal, burbujas explotando en la lengua.

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Estábamos en la cubierta de teca pulida, sol quemando, viento en el pelo. Mi marido revisaba contratos, eh… facturas millonarias por petróleo. Yo servía copas, sonriendo, rozando hombros. Pero mis ojos… se clavaban en Víctor, el socio nuevo. Alto, tatuajes asomando bajo la camisa blanca, barba incipiente. Olía a cuero caro y colonia fuerte. Nuestras miradas chocaban sobre los dossiers. Él: ‘Carmen, este acuerdo… ¿qué opinas?’. Yo: ‘Mmm, parece… jugoso’. Mi marido reía, ajeno, hablando de cifras.

La tensión sube en la cubierta de lujo

La tensión crecía. Cada roce accidental: su mano en mi cintura al pasar un puro. Calor subiendo por mi coño. ‘Necesito revisar unos papeles en privado’, dijo Víctor de repente. Mi marido: ‘Id a la cabina principal, yo me quedo aquí con el capitán’. El yate era nuestro mundo exclusivo, jet lag del vuelo privado aún en los huesos. Bajamos las escaleras, alfombra persa amortiguando pasos. Puerta de caoba se cierra. Espacio VIP: cama king size con sábanas de hilo egipcio, minibar con caviar.

No hablamos. Me empujó contra la pared forrada de cuero. ‘Joder, Carmen, desde que te vi…’. Sus labios en mi cuello, mordiendo. Manos subiendo el vestido, tirando la tanga de encaje. ‘Estás empapada’, gruñó, dedo hundiéndose en mi coño chorreante. Gemí: ‘Sí… fóllame ya, Víctor’. Polla dura como hierro contra mi muslo. La saqué, gorda, venosa, cabeza morada brillando. La chupé, saliva goteando, bolas peludas en mi barbilla. ‘Qué puta boca’, jadeó él.

El regreso a las apariencias perfectas

Me tiró en la cama, piernas abiertas. Olía a sexo y sudor fresco. Entró de un golpe, polla partiéndome el coño. ‘¡Ahhh! Más fuerte, cabrón’. Embestidas brutales, tetas botando, pezones duros rozando su pecho velludo. Me dio la vuelta, a cuatro patas. Nalgadas resonando, culo rojo. ‘Tu coño aprieta como virgen’, rugió. Dedos en mi culo, escupiendo para lubricar. ‘¿Quieres por detrás?’. ‘Sí, rómpeme el ojete’. Empujó, dolor-placer, polla abriéndose paso. Follando anal salvaje, yo gritando, squirt salpicando sábanas de seda.

Me corrió dentro, leche caliente llenándome el culo. Colapsamos, jadeos, piel pegajosa. Beso rápido, ‘Eres una diosa’. Se vistió, corbata impecable. Subimos. Mi marido: ‘¿Todo bien con los contratos?’. Víctor sonrió: ‘Perfecto, sellado’. Brindamos, champagne frío bajando por garganta. Yo cruzo piernas, semen goteando en muslos. Secreto elite: mi marido lo sabe, lo excita el poder compartido. Apariencias intactas, pero mi coño palpita aún. ¿Repetimos pronto?

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