Ay, chicas, aún huelo el cuero caro de esos asientos en el yate privado de Carlos, el hermano del gran magnate. Yo, Valentina, española de pura cepa, casada por conveniencia con él en este mundo de jets y hoteles de siete estrellas. Estábamos en la sala VIP, revisando contratos millonarios. Papeles por todos lados, el aire cargado de colonia masculina y humo de puros cubanos. Él, con su traje a medida, me mira fijo… esos ojos que dicen ‘te follo aquí mismo’. Su hermano, el jefe, entra con una botella de Dom Pérignon helado. ‘Firma esto, Valentina, y esta noche celebramos’, dice Carlos, rozando mi muslo bajo la mesa de mármol. El cristal del champán sabe a burbujas picantes, fresco en mi lengua. Siento la seda de mi vestido rojo subiendo por mis piernas. El hermano ríe, ‘Hermana política, eres fuego puro’. La puerta se cierra, el yate acelera en el Mediterráneo. Ahora es privado, solo nosotros tres. Nadie entra sin código.
Me levanto, el corazón latiendo fuerte. ‘¿Qué hacéis, cabrones?’, digo riendo nerviosa. Carlos me agarra la cintura, su aliento caliente en mi cuello. ‘Sabes lo que quieres, puta mía’. Me besa duro, lengua invasora, mientras su hermano desabrocha mi vestido. Caigo la seda al suelo, quedo en tanga y lencería negra. Sus manos everywhere: pechos duros, pezones erectos. ‘Mira qué tetas, hermano’, gruñe el magnate. Carlos me empuja al sofá de cuero, huelo su aroma almizclado. ‘Chupa mi polla’, ordena, sacándola gruesa, venosa. La engullo, saliva chorreando, sabor salado. El otro se pone detrás, lame mi culo. ‘Qué coño mojado tienes, Valentina’. Meto dedo en mí, gimo. ‘Folladme ya’. Carlos se tumba, yo me monto en su polla enorme, estirándome el coño. ‘¡Joder, qué prieta!’. El hermano lubrica mi ano con saliva y pre-semen. Empuja lento… ay, duele rico. ‘¡Más adentro, hostia!’. Los dos pistones en mí, cloison fina entre pollas. Sudor, gemidos, el yate meciéndose. ‘¡Córrete en mi culo!’, grito. Él eyacula primero, leche caliente inundándome. Carlos sigue, follándome vaginal brutal. Chupo la polla del hermano, limpia de mi culo. Trago todo, espeso, amargo. Me corro como loca, chorros en su pecho. ‘¡Sí, putas mías!’. Tres veces, sin parar, pollas intercambiando agujeros. Mi cuerpo tiembla, olor a sexo puro, piel pegajosa.
La tensión en la suite VIP del yate
Al amanecer, champán otra vez. Me visto, peino perfecta. ‘Contratos firmados, todo listo’, dice Carlos besándome casto. El hermano asiente, ‘Nuestro secreto de élite’. Salimos a cubierta, mayordomo sirve brunch. Sonrisas frías, como si nada. Yo, la esposa perfecta, madre de sus herederos. Pero dentro, quemo. Mañana, jet a Dubai, fingiendo decencia. Ellos me miran, promesa de más. En este mundo, el poder se folla así: crudo, exclusivo, inolvidable.