Acabo de bajar del jet privado en Ibiza. El yate de Alberto, un monstruo blanco de 50 metros, me espera en la bahía. Huelo el salitre mezclado con el cuero nuevo de los asientos. Subo la pasarela, tacones en la madera pulida. Cuatro hombres: Alberto, el duque escocés; Nicolás, el francés implacable; Carlos y Felipe, condes con sonrisas de depredadores. Vestida de sirvienta en seda negra, ceñida al cuerpo, escote profundo.
—Roxane, sírvenos champán, dice Alberto, voz suave pero orden. Asiento. Lleno copas de Dom Pérignon, burbujas frías en mis dedos. Sus miradas queman: Nicolás en mis tetas, Carlos en mis piernas. Firmamos ‘contratos’ en la mesa de caoba: reglas del juego. Yo, la sumisa neutral. Ellos, dueños. El viento agita mi falda, roza mi coño ya húmedo. El yate se aleja, espacio VIP privado. Puertas cerradas, solo nosotros.
La tensión en la cubierta VIP
—Quítate la ropa, chiquilla, gruñe Carlos. TiemBlo. Me desnudo lento, piel erizada por el aire marino. Me arrodillo, cuatro patas como perra. Cola-plug en mi culo, frío metal entrando, gimo. Olor a lubricante, a piel masculina. Juegan cartas, yo traigo bandejas. Olivia no está, soy yo la chienne hoy.
La tensión explota. Nicolás gana la primera ronda. —Abre la boca, puta. Saco su polla gruesa, venosa. La chupo, saliva goteando, bolas en mi barbilla. —Más hondo, joder, gorgotea. Me folla la garganta, arcadas, lágrimas. Alberto me pone pinzas en pezones, dolor dulce. Carlos azota mi culo con fusta, chasquidos rojos en mi piel. —¡Camella el lomo, perra! Grito, coño chorreando.
El clímax brutal y el regreso al lujo
Felipe ata mis patas con guantes-boxeo, no uso manos. Nicolás harnesa un dildo Doberman enorme, negro, y me lo clava en el coño de un empujón. —¡Ahhh, coño, duele! Pero folla brutal, griffa mis tetas, clítoris hinchado. Chupo a Alberto, polla salada, mientras Carlos me mete magic wand en el culo vibrando. Orgasmos me rompen, grito ahogada, fluidos por piernas. Cambian: Saint Bernard en mi culo, me parten, pollas en boca alternas. Semen caliente en mi cara, trago lo que puedo, resto chorrea por tetas. Azotes con crop en coño, hinchado, sensible. —¡Pide más, masoquista de mierda! —¡Sí, folladme, rompedme!
Sudor, olor a sexo, cuero mojado, champán tibio en piel. Me corro cinco veces, cuerpo temblando, subspace total. Fouet de Nicolás me zanja el lomo, placer lava en venas.
Termina. Me envuelven en toalla de cachemira suave. Limpian mi cara con toallitas húmedas, besos en frente. —Buena chica, susurra Alberto. Vestida de nuevo, sirvo digestivos. Brindamos por ‘negocios’. Miradas cómplices, secreto elite. El yate regresa al muelle. Besos en mejillas, tarjetas en mano. —Vuelve pronto, dice Nicolás. Sonrío, piernas flojas, coño palpitando. Bajo, jet espera. Nadie sabe. Solo lujo, poder, placer crudo.