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Mi polvo salvaje con el chico virgen en el yate privado

Estaba en el yate privado de mi socio en Ibiza, rodeada de lujo puro. El sol se ponía sobre el mar, el cuero de los asientos olía a rico, a dinero viejo. Champagne Dom Pérignon en copa de cristal, burbujas que pinchan la lengua. Revisábamos contratos en la sala VIP, yo con mi vestido de seda negra que se pega a la piel sudada por el calor. Él, mi socio, charlaba de millones, pero mis ojos… mis ojos se clavaron en Karim, el chico nuevo del servicio. 18 años recién cumplidos, moreno, delgado pero musculoso, con esa piel oliva que brilla bajo las luces LED. Me sirvió otro copa, su mano tembló un poco, rozó la mía. ‘Gracias, guapo’, le dije bajito, y vi cómo se ponía rojo.

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Los contratos seguían sobre la mesa de mármol, páginas crujientes, pero la tensión subía entre los papeles y sus miradas. Él me devoraba con los ojos, bajando a mis tetas que asomaban por el escote. Yo sonreí, crucé las piernas, la seda rozó mis muslos. ‘¿Primera vez en un yate así?’, le pregunté mientras firmaba un folio. Dudó, ‘S-sí, señora Sofia, es… impresionante’. Su voz ronca, acento marroquí suave. Mi socio se distrajo con una llamada, perfecto. ‘Ven, ayúdame con esto’, le dije, señalando un cajón. Bajamos a la cabina privada, puerta que se cierra con clic metálico. Espacio exclusivo: cama king size con sábanas de hilo egipcio, olor a vainilla y mar.

La tensión sube en la zona VIP

Ya solos, lo empujé contra la pared de madera pulida. ‘¿Me miras así porque te pongo cachondo?’, le solté directo. Él tragó saliva, ‘S-sí, señora, eres… jodidamente sexy’. Le di una cachetada ligera, como juego, su mejilla ardió bajo mi palma. ‘Llámame Sofia, y no me toques hasta que yo diga’. Sus ojos brillaban de adrenalina. Bajé la cremallera de su pantalón blanco impecable, saqué esa polla… Dios, gruesa, venosa, tiesa como hierro. ‘¿Virgen?’, pregunté oliendo su excitación, sudor joven y jabón caro. ‘S-sí, nunca…’. Le branqué despacio, piel suave, palpitante. Goteaba ya, pre-semen salado en mi dedo. ‘¿Preservativos?’, negó con la cabeza, desesperado. ‘Pues sin follar, pero te voy a vaciar’.

Abrí mi vestido, tetas al aire, pezones duros como piedras. ‘Chúpamelos, suave, cabrón’. Se lanzó, lengua torpe al principio, pero aprendió rápido. Lamía, succionaba, mordisqueaba lo justo. Mi coño chorreaba, humedad tibia bajando por los muslos. ‘Buen chico, así…’. Lo branqué más fuerte, su polla hinchada en mi puño, venas saltando. ‘No corras, aguanta’. Él gemía contra mi teta, ‘Sofia… me muero…’. Paramos al borde, respirando agitados. Lo tiré en la cama, abrí las piernas sobre su cara. ‘Lame mi clítoris, ahí, el botoncito hinchado’. Dudó, lo guié con la mano en su pelo rizado. Lengua plana, lamiendo mis labios mojados, sabor a mi excitación en su boca. ‘Joder, sí, métela más adentro, chúpame el chocho’. Aceleró, nariz en mi pubis, tragando mis jugos. Yo me meneaba, tetas botando, olor a sexo puro llenando la cabina.

El sexo brutal en la cabina secreta

‘Orgasmo viene… ¡ah, cabrón, lame fuerte!’. Explosé, coño contrayéndose, chorro en su barbilla. Él se corrió solo, leche espesa salpicando su camisa, sin tocarse. ‘¡No pares!’, grité, segundo orgasmo me pilló de sorpresa, piernas temblando, caí sobre él. Sudor pegajoso, su polla aún dura contra mi muslo. ‘Eres un semental, Karim. Pero sin goma, nada de meter’.

Nos recompusimos rápido. Vestido ajustado, pelo en su sitio, labial rojo impecable. Subimos a cubierta como si nada, champagne en mano. Mi socio ni se inmutó. Le guiñé ojo a Karim, susurré: ‘Tu cumple en dos semanas, 19 años. Prepárate: afeítate todo, polla, huevos, culo. No te corras los últimos días, come picante. Vendré a por ti, con gomas, y te desvirgaré de verdad’. Él asintió, ojos hambrientos. ‘Sí, Sofia, solo por ti’. Regresé a los contratos, piernas flojas, secreto elite nuestro. Vida de privilegios, joder qué vicio.

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