Ay, amor, aún huelo el cuero caro de esos asientos en el yate privado… Era en Marbella, un cacharro de 50 metros, todo cristal y mármol, flotando en el Mediterráneo. Yo, vestida con un vestido de seda negra que se pegaba a mis curvas, tacones Louboutin que resonaban en la cubierta. Él, un tiburón de los negocios, traje a medida, reloj que costaba mi sueldo anual. Supuestamente, íbamos a cerrar un contrato gordo, millones en juego.
Nos sentamos en la sala VIP, mesa de caoba llena de dossiers. Champagne Dom Pérignon, burbujas frías en la lengua, dulce como un beso prohibido. ‘Firma aquí, cariño’, le digo, rozando su mano con la mía. Él me mira, ojos oscuros clavados en mis tetas, que asomaban justo lo suficiente. ‘No tan rápido, preciosa’, responde, voz grave, como un ronroneo. Siento el calor subiendo, mis pezones endureciéndose bajo la seda. Pasamos páginas, pero las miradas… uf, se cruzan, se demoran en los labios, en el cuello. El aire acondicionado no enfría nada, huelo su colonia cara mezclada con mi perfume, almizcle que me moja ya.
La tensión sube entre dossiers y miradas ardientes
De repente, cierra el dossier. ‘Esto puede esperar. Vamos a la cabina principal’. Su mano en mi cintura, guiándome por el pasillo estrecho, luces tenues, olas meciéndonos. La puerta se cierra con clic, y ¡zas! Espacio privado, cama king size con sábanas de hilo egipcio, vistas al mar infinito. Nadie nos molesta, solo el zumbido del motor y nuestro jadeo.
Me empuja contra la pared, labios en mi cuello, mordiendo suave. ‘Joder, qué ganas de follarte desde que te vi’, gruñe. Le arranco la camisa, botones volando, pecho duro, vello que raspa mis uñas. Caigo de rodillas, desabrocho su pantalón, y sale su polla tiesa, gruesa, venosa, goteando ya. La agarro, fuerte, lengua en el glande, saboreando ese gusto salado. ‘Chúpamela bien, puta rica’, dice, enredando dedos en mi pelo. Aspiro hondo, garganta profunda, bolas en mi mano, apretando. Él gime, caderas empujando, follando mi boca como un animal.
El clímax brutal en la intimidad del yate
Me levanta, rasga mi vestido, tetas al aire. Las mama voraz, dientes en pezones, dolor-placer que me hace gritar. ‘Tu coño, dámelo’, ordena. Piernas abiertas en la cama, string a un lado, él lame mi clítoris hinchado, lengua experta, dedos dentro, curvados en mi punto G. Estoy empapada, jugos chorreando, olor a sexo puro. ‘¡Fóllame ya, coño!’, suplico. Se pone encima, polla embistiéndome de un golpe, hasta el fondo. Grito, uñas en su espalda. Bombea salvaje, rápido, piel chocando, sudor mezclado. Cambio, yo encima, cabalgando, coño apretando su verga, tetas rebotando. ‘¡Más duro!’, jadeo. Él me agarra el culo, dedo en mi ano, empujando. Orgasmos nos parten, yo chorreado, él llenándome de leche caliente, gritando mi nombre.
Minutos después, nos vestimos. Champán de nuevo, dossiers abiertos. ‘Firma, amor’, digo sonriendo, como si nada. Él asiente, guiño cómplice. Bajamos a cubierta, mayordomo sirviendo caviar, todo etiquéta. Nuestro secreto elite, esa follada brutal, queda en el yate. Pero yo… aún siento su polla dentro, el lujo del poder y el placer exclusivo. ¿Repetimos?