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Mi polvo salvaje en el yate privado de Ibiza

Estábamos en su yate privado, anclado frente a Ibiza. El sol pegaba fuerte, el cuero de los asientos olía a nuevo, mezclado con sal del mar. Yo, con mi vestido de seda negra ajustado, fingía revisar los contratos sobre la mesa de teck. Él, mi socio en este negocio millonario, no quitaba los ojos de mis tetas. ‘¿Todo en orden?’, me dijo, pero su voz… ronca, como si ya supiera.

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Serví champagne, el burbujeo fresco en las copas de cristal. Me senté cerca, cruzando las piernas. Bajo el vestido, los pantis abiertos que me regaló, y el tanga de terciopelo negro que le vuelve loco. ‘Sabes… me preparé para ti’, le susurré al oído, inclinándome. Mi aliento en su cuello. Él tragó saliva. ‘¿Qué llevas?’, preguntó, la mano ya en mi muslo.

La tensión sube entre contratos y miradas en el yate

‘Los pantis abiertos… mira’, subí la falda un poco, solo para él. Sus ojos se oscurecieron. ‘Y el tanga negro… el que te gusta tanto’. Me puse de pie, fingiendo servir más copa, pero me apoyé en la barandilla. Él se levantó rápido, detrás de mí. El viento traía olor a mar, pero yo… después de un día de reuniones, sudada, con ese aroma íntimo.

‘No estoy fresca del todo… estuve todo el día en jet’, le dije girándome, con guiño. ‘Me da igual, al revés’, murmuró, arrodillándose ya. Metió la cabeza bajo mi vestido. Sus manos en mis muslos firmes, envueltos en nailon fino. Las aberturas ovaladas dejaban mi piel al aire. Olía a sudor suave, a pis lejano. ‘Joder… qué olor’, gruñó.

Sus dedos jugaban en el borde del nailon, subían al pubis, rozando el terciopelo húmedo. Me abrí un poco, pierna en su hombro. Su nariz contra el tanga, inhalando. Lengua lamiendo el tejido, que se empapaba. ‘Quítalo… no, espera’, jadeé. Apartó el triángulo, lengua en mis pelos, en los labios mayores. Sabor a miel salada, amoníaco sutil. Me corrí un poco, gimiendo bajito.

El clímax brutal y el regreso a las apariencias

Se abrió el pantalón, su polla dura saliendo, goteando. Yo me giré, apoyada en la mesa, falda arriba. Mi culo perfecto enmarcado en los pantis abiertos, tanga hundiéndose en la raja. Él se lanzó: lengua desde el coxis al clítoris, chupando mis jugos abundantes. ‘Tu culo… joder’, lamió el ano, amargo, vertiginoso. Yo me retorcía, ‘¡Más profundo!’. Su lengua en mi botón, hinchándolo como una polla pequeña. Dedos en las labios sensibles.

No aguantó: polla explotando contra mi pierna, semen caliente chorreando. Se derrumbó en la cubierta, yo encima, masturbándome lento. ‘Ahora mi regalo…’, accroupie frente a él, tanga cubriendo mi coño hinchado. ‘No aguanto… tengo que mear’. Cogí una copa vacía de champagne, la puse debajo. Primero a través del terciopelo, pis caliente empapándolo. Luego lo aparté, chorros fuertes llenándola, desbordando al suelo. ‘¿Te gusta el espectáculo?’, reí. Su polla se irguió de nuevo, oliendo a mi orina fresca, mi coño en su boca aún.

Nos desnudamos, bajamos a la cabina VIP. Ducha de mármol, espuma jabonosa en cuerpos. Besos largos bajo el agua tibia, lenguas enredadas. Luego, en la cama king size, piel contra piel, fuego de la puesta de sol tiñendo todo naranja. Él me folló despacio, yo corrí tres veces, gritando, ojos en el techo estrellado.

Subimos después, vestidos impecables. Champagne nuevo, contratos firmados. Sonrisas cómplices, como si nada. Ese secreto nuestro, de élite, nos une más que cualquier deal. Adrenalina pura, poder y placer exclusivo.

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