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Mi Noche Prohibida en la Suite del Hotel de Lujo con Ellos

Estábamos en la suite presidencial del Mandarin Oriental, Madrid. Techos altos, vistas a la city que brillaban como diamantes. El aire olía a cuero nuevo de los sofás y a Chanel No. 5 de Sophie. Mi marido, Javier, y Marc, su socio en ese megaproyecto inmobiliario, revisaban contratos sobre la mesa de mármol. Copas de Dom Pérignon burbujeaban, frías y dulces en la lengua. Yo, con mi vestido de seda negro que se pegaba a mis curvas, cruzaba las piernas, notando cómo las miradas se desviaban. Sophie, rubia perfecta, en falda lápiz que subía al sentarse, me guiñaba un ojo. ‘¿Firmamos ya?’, decía Marc, pero sus ojos en mis tetas. Javier reía, ‘Paciencia, que la noche es joven’. El calor subía, no solo del fuego en la chimenea. Hablábamos de deals millonarios, pero el roce de rodillas bajo la mesa… ay, eso era otra historia. De repente, Javier cierra la puerta blindada. ‘Ahora sí, espacio privado. ¿Jugamos?’. Sacó la caja de papeles, como en nuestras charlas secretas. Sophie dudó, mordiéndose el labio, ‘¿En serio aquí?’. ‘Sí, amor, suéltate’, le dijo Marc. El lujo nos envolvía, y la adrenalina del poder… uf, me ponía cachonda.

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Empezamos con un papel: ‘Pásale un hielo por el cuerpo a tu pareja’. Sophie se rio nerviosa, cogió uno del cubo de champán. Marc gruñó cuando se lo metió por la camisa, bajando al vientre, chillando ‘¡Joder, frío!’. Ella, malota, metió la mano en sus pantalones. Yo miré a Javier, polla ya dura bajo los vaqueros. Mi turno: ‘Cuéntanos algo que chocarían si supieran’. Recordé mi viaje a París, sola en el jet privado. ‘Me masturbé en el baño del aeropuerto, apoyada en la puerta, con el tanga a los tobillos. Venía rápido, empapada’. Todos jadearon. Javier me besó el cuello, ‘Mi puta traviesa’. Luego bailamos un slow en penumbra, sus manos en mi coño desnudo bajo la seda, yo restregándome contra su paquete. Sophie gemía con Marc. El juego escaló: ‘Mírame tu postura favorita’. Sophie con Javier, ella de lado, piernas en sus caderas, simulando. Yo tiré ‘Besa a quien quieras donde quieras’. Lamí la nalga de Marc, dura y salada. Tensión rota. Javier me quitó el vestido, tetas al aire. ‘Fóllame ya’, le supliqué. Sophie sin bragas, coño rasurado brillando. Marc la azotó las nalgas desnudas, rojas, cinco palmadas fuertes. Ella chilló de placer. Yo me subí a horcajadas en Javier, polla gorda entrando en mi coño chorreante, follando duro contra la mesa de contratos. ‘¡Más fuerte, joder!’, gritaba. Sophie se arrodilló, chupando la polla de Marc mientras yo la lamía sus tetas, pezones duros como piedras. Él la penetró por detrás, coño abierto, yo metí dedos en su culo apretado. Javier me volteó, me comió el clítoris, lengua rápida, hasta que exploté en squirt, mojando el cuero. Cambiamos: yo monté a Marc, su verga gruesa reventándome, Javier follaba a Sophie en misionero, ella gritando ‘¡Sí, métemela toda!’. Sudor, olor a sexo y champán, cuerpos chocando, gemidos salvajes. Corridas: Marc en mi boca, salado y espeso, Javier dentro de Sophie, ella temblando en orgasmo.

La Tensión en el Penthouse

De repente, luces arriba. Nos vestimos rápido, risas nerviosas. ‘¿Firmamos?’, dijo Javier, pluma en mano, como si nada. Sophie se alisó la falda, labios hinchados. ‘Perfecto deal’, sonrió Marc, contratos listos. Brindamos, ‘Por más noches así’. Bajamos al lobby, elegantes, sonrisas de élite. Nadie sospechaba el semen aún goteando mis muslos bajo la seda. Nuestro secreto VIP, adictivo como el poder.

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