Hace dos años que Carlos y yo fantaseábamos con algo así… Un yate privado en la Costa Azul, rodeados de lujo puro. Olor a cuero italiano nuevo, mezclado con el salitre del mar. Brindamos con Dom Pérignon helado, burbujas que pinchan la lengua. Vestido de seda roja ceñida a mis curvas, tacones que clican en la cubierta pulida.
Allí estaba Sergio, nuestro viejo amante de tríos locos. Ejecutivo top, con traje a medida, sonrisa de tiburón. Hablamos de contratos millonarios, fusiones, deals que cambian imperios. Pero sus ojos… Dios, devoraban mis tetas bajo la seda. ‘Isabella, firma aquí’, dice pasándome el bolígrafo, su mano roza la mía. Frío eléctrico. Carlos me mira, cómplice, su polla ya medio dura bajo los pantalones. ‘¿Segura que solo negocios?’, susurra él en mi oído, aliento caliente.
La tensión sube entre contratos y miradas en el yate
La noche avanza, estrellas brillando, música lounge vibrando. El yate se aleja de la costa, solo nosotros tres en la zona VIP. ‘Vamos abajo, a la cabina privada’, propone Sergio, voz ronca. Corazón latiendo fuerte. Bajo las escaleras forradas de terciopelo, aire acondicionado fresco besando mi piel sudada. Puerta se cierra con clic suave. Espacio íntimo: cama king size con sábanas de satén negro, jacuzzi burbujeante, espejos por todos lados.
Me quito el vestido despacio, paréola roja cayendo. Desnuda, pezones duros por el aire. Ellos se desabrochan camisas, pollas saltando libres, gruesas, venosas. ‘Joder, qué ganas’, gimo. Manos de Sergio en mis tetas, amasándolas crudo. Carlos por detrás, dedos hurgando mi coño ya empapado. ‘Estás chorreando, puta mía’, gruñe. Besos salvajes, lenguas enredadas, sabor a champagne y sudor.
Me arrodillo, cojo la polla de Sergio a dos manos, gorda como un brazo. La chupo hondo, garganta abierta, saliva chorreando por la barbilla. ‘¡Sí, trágatela toda!’, jadea él, caderas empujando. Carlos se une, meto su verga en la otra mano, pajeándola ritmada. Pollas duras latiendo, olor a macho excitado. Sergio me agarra el pelo, folla mi boca como un coño. Cambio, ahora chupo a Carlos, bolas en la boca, lamiendo el culo.
El polvo brutal en la cabina privada y el regreso elegante
Me tumban en la cama, piernas abiertas. Sergio lame mi clítoris, lengua experta, dos dedos dentro revolviendo. ‘¡Qué coño tan jugoso!’, dice. Carlos me mete la polla en la boca, follándome la cara. Gimo ahogada, orgasmos subiendo. Sergio se pone condón, me abre las piernas y embiste, polla clavándose hasta el fondo. ‘¡Fóllame fuerte, joder!’, grito. Carlos pellizca pezones, luego me la mete por el culo, lubricado con mi propio jugo. Doble penetración brutal, cuerpos chocando, sudor resbalando.
Grito cuando corro, coño contrayéndose, chorros mojando sábanas. Ellos aceleran, gruñidos animales. Sergio eyacula primero, ‘¡Me vengo, puta!’, llenando el condón. Carlos sale, se quita el látex y me pinta la cara de leche caliente, espesa. Lamemos todo, besos pegajosos.
Minutos después, duchas rápidas, olor a jabón caro. Subimos a cubierta, vestidos impecables. Champagne nuevo, risas sobre ‘el deal cerrado’. Sergio guiña ojo, secreto elite. Como si nada, pero mi coño palpita aún. Adrenalina de poder y placer exclusivo. Volveremos.